NUESTRO HOGAR ES AUSCHWITZ: EXTRAÑEZA ANTE LA PASIVIDAD

Posted on 9 enero, 2012

0



   Si te hubiera dicho aquel día cuando bailamos los dos en una habitación pequeña bajo una luz anaranjada: supón que alguien tiene en sus manos la vida de un millón de personas, de dos, de tres millones; que los mata sin que nadie se entere, ni siquiera ellos mismos; que priva de libertad a cientos de miles de seres humanos, corrompe su sentimiento de solidaridad, enfrenta a un hombre con otro y… Si te hubiese dicho estas cosas, me hubieses tomado por loco y, quien sabe, quizá hubieses dejado de bailar conmigo. Pero seguramente no te lo hubiera dicho, incluso de haberlo sabido entonces, con tal de no estropear el momento.

   Pues mira, así se hacen las cosas aquí: hay un granero pintado de un blanco reluciente donde asfixian a la gente, al que unieron después cuatro edificios más grandes (con capacidad para veinte mil personas). Sin sortilegios, sin narcóticos, sin hipnosis. Un par de personas dirige el tráfico para que la gente no se apelotone y corra con fluidez, como el agua de un grifo abierto. Por lo general, eso ocurre entre unos árboles famélicos, que forman un bosque lleno de humo. Unos camiones corrientes transportan gente en una actividad constante. Sin sortilegios, sin narcóticos, sin hipnosis.

    ¿Cómo es posible que no den un solo grito, que no escupan a la cara a sus verdugos, que no se les tiren al cuello? Nos quitamos la gorra ante los SS que vuelven del bosque; si leen nuestros nombres, iremos con ellos tranquilamente a la muerte. Pasamos hambre, nos mojamos bajo la lluvia, se llevan a nuestros seres cercanos. Lo ves: ¡es magia! ¿Cuál es el secreto de este poder de unos hombres sobre otros? ¿De dónde procede nuestra pasividad imperturbable? Sólo tenemos un arma: todavía somos muchos y no cabemos todos al mismo tiempo en las cámaras de gas.

   Hay, sin embargo, otros métodos mortíferos: el palo de una pala utilizado para estrangular diariamente a un centenar de personas. O una sopa de ortigas y pan con margarina, hasta que un SS joven y alto llega con un trozo de papel arrugado en el que figura tu número, y te meten en uno de  esos camiones que van a la muerte. ¿Sabes cuándo fue la última selección de “arios” para las cámaras de gas? El 4 de abril. ¿Y te acuerdas cuándo llegamos al campo? El 29 de abril. ¿Qué habría pasado si hubiéramos llegado tres meses antes? Además, recuerda que tú tenías pulmonía.

(Tadeusz Borowski, Nuestro hogar es Auschwitz, Alba editores, 2004, pag.34 a 36) 

PREGUNTAS:

  1. ¿De qué se extraña el autor de este texto? ¿A qué causa atribuye la actitud de los reclusos? Explica la frase: “Sin sortilegios, sin narcóticos, sin hipnosis”
  2. ¿Qué métodos de exterminio propios de los campos nazis aparecen en el texto?
  3. Según el autor, ¿en qué elemento radica la fuerza de los reclusos? ¿Cómo podría usarse esa fuerza? Y sin embargo, ¿cómo se ha utilizado realmente?
Anuncios