NUESTRO HOGAR ES AUSCHWITZ: SOPA DE ORTIGAS

Posted on 12 enero, 2012

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plaszowLa sopa borbotea en los peroles. Los griegos van dejando los peroles en el suelo, dejando unos cuantos pasos entre uno y otro. Respiran ruidosamente, como peces fuera del agua, y aprovechan para chuparse los dedos que se impregnan de la sopa que mancha los bordes. Conozco el sabor de esta sopa comida a hurtadillas: una mezcla de polvo, suciedad y sudor de manos; yo mismo llevaba esos peroles no hace mucho tiempo.

Los griegos colocan los peroles y me miran, esperando mi señal. Me acerco solemnemente al perol que está en medio, aflojo despacio los tornillos, durante medio segundo, que se hace eterno, pongo mi mano sobre la tapadera y la levanto. Una decena de ojos se apagan decepcionados: sopa de ortigas. Un aguachirle blancuzco sea agita en el perol. Sobre la superficie revolotean unos ojos amarillentos de margarina. Todos reconocen en seguida por el color lo que se oculta en el fondo: tallos enteros, sin pelar, de ortigas; tallos putrefactos y pestilentes, que se hunden en el agua, agua, y más agua… Por un momento, el mundo entero se hunde en los ojos de la gente que ha traído los peroles. Vuelvo a colocar la tapadera sobre el perol. Nadie dice nada.

(BOROWSKI, Tadeusz: Nuestro hogar es Auschwitz, Alba editores, 2004, pag.90)

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