NUESTRO HOGAR ES AUSCHWITZ: EL CANADÁ

Posted on 14 enero, 2012

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Han liquidado una parte de Canadá y asignado sus habitantes a un pelotón de trabajo. Les ha tocado uno de los más duros, el de Harmeze, porque están gordos y descansados. Es la justicia envidiosa del campo: cuando el fuerte cae, sus antiguos amigos procuran que caiga los más bajo posible. A decir verdad, Canadá, nuestro Canadá, no huele a resina, sino a perfumes franceses, y creo que en el norteamericano no hay tantos pinos esbeltos como brillantes y monedas escondidas procedentes del saqueo de Europa hay en este Canadá polaco.

(…)

– Paciencia, paciencia, cuando lleguen nuevos transportes te traeré de todo. Habrá oportunidad de ir de nuevo a la rampa.

– Quizá se han acabado los transportes –le digo para picarle-. Fíjate qué llevadera se ha hecho la vida en el Lager, no hay límites para los paquetes, los guardianes no nos golpean e, incluso, hemos podido enviar cartas a casa… Se oyen muchas cosas, tú también las oyes, y es que, joder, ya no deben de encontrar a nadie para traerlo aquí.

– No digas tonterías. –El marsellés, de rostro serio (es amigo mío desde hace tiempo, pero no sé cómo se apellida), tiene la boca llena de pan y sardinas-. No digas tonterías –repitió tragando la comida con esfuerzo (pasó, menos mal)-, no se puede haber acabado la gente porque entonces nosotros también moriremos. El Lager vive de lo que ellos traen.

– No exageres. Algunos tenemos paquetes…

– Tú y tu amigo tenéis paquetes, y veinte amigos tuyos más, sólo vosotros, los polacos, y no todos. Pero nosotros, y los judíos, y los rusos, ¿qué haríamos? ¿y qué pasaría si no tuviésemos comida, qué harían los que se encargan de organizar los transportes? ¿Crees que os podríais comer tranquilamente los víveres de vuestros paquetes? No os dejaríamos.

– Nos  tendríais que dejar; de lo contrario os moriríais de hambre, como los griegos. En el campo, quien tiene la comida tiene la fuerza.

(Tadeusz Borowski, Nuestro hogar es Auschwitz, Alba editores, 2004, pag. 116 a 118)

Nota: en el argot del campo se conocía como “Canadá” a la oficina de la Effektenkammer, el almacén donde se guardaban los efectos personales confiscados a los prisioneros. Trabajar en el Canadá era por lo tanto un privilegio por la posibilidad de comerciar con las mercancías a cambio de favores o comida.

PREGUNTAS:

  1. ¿Por qué ha empeorado la situación de los trabajadores del “Canadá”?
  2. ¿Por qué el marsellés se pone muy serio ante la  posibilidad de que no lleguen más transportes?
  3. ¿Por qué los polacos tienen unas mejores condiciones de vida en el campo?
  4. Explica la última frase: “En el campo, quien tiene la comida tiene la fuerza”
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