NUESTRO HOGAR ES AUSCHWITZ: EL TRANSPORTE DE SOSNOWIEC Y EL ORO DE BERLÍN

Posted on 16 enero, 2012

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No deja de pasar gente, los camiones braman como animales enfurecidos. Veo cómo sacan de los vagones cadáveres, cuerpos de niños pisoteados, inválidos, a los que amontonan en las pilas de los muertos. Y, sobre todo, veo muchedumbre, muchedumbre, muchedumbre… Los vagones se acercan despacio, crecen los montones de ropa, las maletas y mochilas, la gente sale del tren, miran el sol, respiran, piden agua, se suben a los camiones y se van. Se acercan nuevos vagones y sale más gente… Noto que las imágenes se mezclan, ya no sé si lo que estoy viendo está ocurriendo de verdad o si estoy soñando. De repente, a lo lejos, veo el verdor de los árboles que comienza a balancearse con la calle entera, con la muchedumbre multicolor… Siento un zumbido en la cabeza, creo que voy a vomitar.

(…)

En fin, ya estamos cargando los bultos. Llevamos unas maletas enormes que pesan un montón y están repletas de riquezas; nos cuesta mucho cargarlas en los camiones. Las colocan formando pilas; quienes se encargan de colocarlas aprovechan para abrirlas , para pincharlas con sus navajas en busca de vodka y perfumes que se echan directamente encima. Una de las maletas se abre y de su interior sale ropa, camisas, libros… Cojo uno de los hatillos: pesa mucho. Lo desenvuelvo: dos puñados grandes de oro, cajas de reloj, brazaletes, anillos, collares, brillantes…

–  Gib hier, ponlo aquí –dice tranquilamente un SS acercándome un maletín abierto, que está repleto de oro y de moneda extranjera de colores diversos. Lo cierra, se lo entrega a un oficial, coge otro maletín vacío y se va al lado del otro camión a por más. Este oro irá a Berlín.

El calor es insoportable. No sopla ni una pizca de viento. Las gargantas están secas y duele sólo pronunciar una palabra. Queremos beber. Nos movemos febrilmente, con prisa, queremos resguardarnos los antes posible en las sombra y descansar. Estamos terminando de cargarlo todo en los últimos camiones. (…) Despacio, muy despacio, entran nuevos vagones en la rampa (…); ya salen de la cantina los SS con los maletines preparados para recoger el oro y el dinero. Abrimos los vagones.

Ahora no puedo controlarme. Les arranco las maletas y los abrigos de las manos sin miramientos. Vamos, vamos, avanzad con rapidez. Ellos avanzan, desaparecen. Hombres, mujeres y niños. Algunos saben lo que les espera.

(…)

Entro en los vagones, saco a los bebes y arrojo fuera los equipajes. Toco los cadáveres sin ahuyentar el miedo cerval que se está apoderando de mí. Intento no mirarlos, pero los cadáveres están por todas partes, yacen en la grava uno junto a otro, en el bordillo del andén, en los vagones: bebés, mujeres desnudas y repugnantes, hombres retorcidos por los estertores de la muerte. Huyo de ellos lo más lejos posible. Alguien me golpea con una vara en la espalda, de reojo veo a un SS que me maldice; me escabullo y me mezclo con los canadienses (…)

Sólo desde este punto, desde la montaña de vías, se divisa todo el infierno de la rampa, la actividad frenética que en él se desarrolla. (…) Recogen cadáveres enormes, hinchados y abultados, por toda la rampa. En el camión de los cadáveres echan también a los lisiados, a los paralíticos, a los agonizantes y a los que se han desmayado. La montaña de cadáveres se mueve, aúlla y grita. El chófer enciende el motor, el camión se va.

(…)

Otros llevan a una chica que tiene una sola pierna; la sujetan de los brazos y de la única pierna que le queda. Las lágrimas se deslizan por sus mejillas, la chica susurra con voz lastimera: “Señores, señores, me hacen daño, me hacen daño…” La arrojan al camión de los muertos. La quemarán viva con los cadáveres.

(…)

Las luces parpadean misteriosamente, una marea humana avanza sin cesar, turbia, febril, atontada. Esta gente piensa que va a iniciar una vida nueva en el campo y psicológicamente se prepara  para la lucha por la supervivencia. Ignoran que su muerte está próxima, que el dinero y los diamantes que guardan con cautela en los pliegues y costuras de su ropa, en los tacones de los zapatos, en los rincones más recónditos de su cuerpo, no les servirán de nada. Uno profesionales experimentados removerán sus vísceras, les sacarán el oro que esconden debajo de la lengua, los diamantes del útero y del intestino. Les arrancarán los dientes de oro. Enviarán todo eso a Berlín en unas cajas cerradas herméticamente.

Las figuras negras de los SS transmiten tranquilidad y profesionalidad. El señor del bloc en la mano hace las últimas rayas y cuadra los números: quince mil.

Muchos camiones han ido al crematorio.

Queda poco para acabar. Los cadáveres de la rampa se cargan en el último camión. Los canadienses, cargados de pan, mermelada, azúcar, oliendo a perfume y a ropa interior limpia, están listos para regresar al campo. El kapo termina de llenar de oro, té, seda y café un enorme perol. Es para los Wachmänner, los guardianes, para que no nos registren. Durante uno cuantos días el campo va a vivir gracias a este transporte: va a comer sus jamones y chorizos, sus confituras y su fruta, va a beber su vodka y sus licores, va a llevar su ropa y comerciar con su oro y demás pertenencias. Los civiles se llevarán muchas de estas cosas lejos del campo: a Silesia, a Cracovia, y más lejos. A cambio traerán cigarrillos, huevos, vodka y cartas de casa.

Durante unos cuantos días en el campo sólo se hablará del transporte “Sosnowiec-Bedzin”. Ha sido un cargamento bueno, rico.

(…)

De los crematorios se alzan unas columnas enormes de humo que confluyen en lo alto, en un río grande y oscuro que transcurre lentamente por el cielo de Birkenau y desaparece detrás de los bosques, en dirección a Trzebinia. El transporte de Sosnowiec es sólo humo.

 (BOROSWKI, Tadeusz: Nuestro hogar es Auschwitz, Alba editores, 2004, pag. 132-143)

PREGUNTAS:

1. ¿De qué se ocupa la persona que narra la historia? ¿A qué grupo pertenece?

2. ¿Qué cambio se percibe en su actitud hacia los prisioneros que han sido transportado en el tren? ¿A qué crees que se debe ese cambio de actitud?

3. ¿Qué va a ocurrir con las pertenencias que han traído los prisioneros en el tren ? Sin embargo, ¿qué es lo que piensan ellos?

4. ¿Qué importancia tiene la llegada de ese transporte para la supervivencia de los otros prisioneros?

5. ¿Por qué al final sólo queda el humo del transporte de Sosnowiec?

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