NUESTRO HOGAR ES AUSCHWITZ: ¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?

Posted on 20 enero, 2012

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http://collections.yadvashem.org/photosarchive/en-us/103212_67522.html

http://collections.yadvashem.org/photosarchive/en-us/103212_67522.htmlSchillinger, sargento primero de las SS, fue hasta el año 1943 el Lagerführer del sector BIId de Birkenau, que a su vez formaba parte de la enorme constelación de pequeños y grandes Lager, que, dispersos por toda la Alta Silesia, dependían administrativamente de Auschwitz. (…)

Schillinger regía los destinos del sector BIId con mano de hierro. (…) Su apellido quedará unido siempre a los de Palitsch, Krankenmann y muchos otros asesinos de Auschwitz, que se jactaban de haber matado con sus propias manos, a puñetazos, a palos o por cualquier otro método, a decenas de miles de personas.

En agosto de 1943 se corrió la voz en el campo de que Schillinger había muerto. Se oyeron muchas versiones contradictorias sobre su muerte, todas ellas supuestamente auténticas. A mí, la que me resultaba más creíble era la de un conocido capataz del Sonderkommando. (…)

– El cargamento era difícil, ya me entiendes, no eran comerciantes de Holanda o Francia, que pensaban que podrían poner un negocio en el campo para los prisioneros de Auschwitz. Eran judíos polacos, que conocían la verdad. Por eso había un montón de SS, y Schillinger, al ver que el cargamento estaba inquieto, sacó el revólver. Todo habría salido bien si no fuera porque Schillinger se encaprichó de un cuerpo de mujer, una auténtica belleza clásica. Supongo que ése fue el motivo por el que visitó a mi jefe. Se acercó a la mujer y la cogió de la mano. Ella, que estaba desnuda, se agachó de repente, cogió un puñado de arena y se lo tiró a los ojos. Schillinger, dolorido, soltó el revólver y la mujer cogió rápidamente el arma y le disparó varias veces en el estómago. En el patio cundió el pánico. La gente desnuda se nos echó encima gritando. La mujer disparó todavía una vez más a nuestro jefe y lo hirió en la cara. Nuestro jefe y los SS echaron a correr y nos dejaron solos. Pero, gracias a Dios, nos las pudimos arreglar. Les metimos a palos en la cámara, apretamos las tuercas de las puertas y llamamos a los SS para que echasen el Zyclon. Menos mal que tenemos experiencia.

Ja, claro que sí.

-Schillinger estaba boca a bajo y arañaba la tierra de dolor. Lo levantamos y, sin poner demasiado cuidado, lo llevamos al coche. Durante todo el camino gemía con los dientes apretados: “O, Gott, mein Gott, was hab’ich getan dass ich so leiden muss?”; lo que significa: “Oh Dios, mi Dios, ¿qué he hecho yo para merecer tanto sufrimiento?”

– O sea, que ni al final de su vida este hombre se dio cuenta de lo que había hecho –dije moviendo la cabeza-. ¡Qué extraña ironía del destino!

– ¡Qué extraña ironía del destino! –repitió pensativo el capataz.

Cuando estaban a punto de liberar el campo, los judíos del Sonderkommando pensaron que los alemanes acabarían con ellos, así que se amotinaron en los crematorios. Después prendieron fuego a los edificios de los crematorios, cortaron la alambrada y echaron a correr a campo traviesa. Los SS les dispararon con sus ametralladoras. No se salvó ninguno. ¡Qué extraña ironía del destino!

(BOROWSKI, Tadeusz: Nuestro hogar es Auschwitz, Alba editores, 2004, pag. 166-169)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué crees que los dos interlocutores consideran una ironía del destino la muerte del sargento Schillinger?

2. ¿Qué motivos podían hacer sospechar a los miembros del Sonderkommando (comando encargado del trabajo en las cámaras de gas y crematorios) que iban a ser exterminados antes de la liberación?

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