SÉPTIMO POZO: ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Posted on 20 febrero, 2012

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Sólo algunos se rebelan: ¿Por qué no os defendéis? ¿Por qué corréis como carneros hacia vuestra propia destrucción? Pechmann es uno de los que se rebelan. Negocia con los funcionarios franceses, no se ve a ningún alemán. Habla con los representantes de la Cruz Roja, que inspeccionan el campo continuamente, pero nada pueden hacer. Lucha para que no desgarren a las familias, para que no manden a una madre que ha perdido a su hijo en el tumulto. Grita, maldice, convence, consuela. Y por las noches baila con Mariana. Se toman de las manos con fuerza, se miran a los ojos como si quisieran sumergirse en ellos para siempre.

Un día llaman a Mariana. Pechmann la retiene. Espera, le dice, no vayas, no te presentes, no podrán encontrarte entre las masas. Hablaré con los funcionarios, conseguiré que te dejen libre, voy a obtener un aplazamiento, conozco a gente influyente aquí. Huiremos juntos, nos iremos a las montañas… Ella le pone la mano en la boca y sonríe dolorosamente. No, dice ella, déjame, tengo que ir. Él sabe por qué. Ella se lo ha dicho cien veces: su madre, su padre y tres hermanos están allí. Se va. Y a partir de ese día, Pechmann ya no se rebela. Una semana más tarde, cuando dicen su apellido, cruza en silencio la entrada del silo veinte.

(WANDER, Franz: El séptimo pozo, Galaxia Gutenberg, 2007, pag. 104)

PREGUNTAS:

  1. ¿Quién realiza en los campos de tránsito las  gestiones para la deportación de los prisioneros? ¿Qué responsabilidades se deducen de este hecho?
  2. Explica con el ejemplo de Mariana cuál era la principal causa de aceptación del destino sin rebelarse ante él.
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