YO FUI ORDENANZA DE LOS SS: LAS DIFICULTADES DE LOS BARBEROS

Posted on 9 marzo, 2012

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Al hablar de la recepción de los recién llegados, no podemos omitir el importante papel jugado por los barberos españoles del campo. Fueron ellos, sin duda alguna, quienes tuvieron el trabajo más ingrato. Además de la responsabilidad que tenían en sus respectivas barracas, para que todo el mundo fuese pelado de la coronilla a los pies, cada vez que llegaba una nueva expedición eran requeridos para afeitarles todas las partes del cuerpo. […] Téngase en cuenta que los barberos tenían que actuar con herramientas proporcionadas por los SS, que más parecían hechas para rapar bestias que para afeitar personas, y del jabón para remojar el pelo, sólo les daban algo así como media barrita para dejar al rape cuatrocientas o quinientas personas…

Cuando los luchadores antinazis desembarcaban de los vagones de carga (en los cuales iban encerradas herméticamente de cien a doscientas personas, con viajes que duraban a veces siete u ocho días, y de los que sólo salían con vida los más fuertes), aquel afeitado era el supremo tormento, tanto por la forma en que era llevado a cabo como por lo que representaba el perder todo: hasta el vello y el pelo de todas las partes del cuerpo, con lo cual desaparecía una parte de sí mismo.

Los barberos hacían milagros para aliviar aquel suplicio. No solamente procuraban hacer el menor daño posible, sino que recomendaban a los otros barberos –en su mayoría bandidos alemanes que desconocían todo de aquel oficio- que no maltratasen a los prisioneros, amenazándolos con represalias si no cumplían con las consignas que se les daban. […]

No era raro ver a Pagés o Azaustre andar detrás de una navaja de afeitar, que uno de aquellos sujetos había robado a los recién llegados, hasta lograr recuperarla, cosa que les extrañaba en grado sumo. No comprendían el gran interés que mostraban los nuestros por una herramienta de barbero, cuando ellos lo que más perseguían eran las joyas, los relojes y cosas similares. Como no hubiesen podido comprender el esmero que ponían nuestros barberos en tener el material en buen estado por no atormentar a los pobres prisioneros. Cuántas veces al ir por la noche al block número 3, en el que Pagés hacía de barbero, lo encontraba atareado con la navaja de afeitar y una piedra de afilar que le habían dado los carpinteros. Era preciso toda la paciencia de Job para lograr que la navaja alcanzase un mínimo de buen filo, para afeitar sin arrancar la piel. Tenía los ojos inflamados por el exceso de trabajo con luz insuficiente y la meticulosidad puesta en aquel afilado. Y conste que aquel trabajo se hacía a escondidas, cuando todo el mundo dormía, y valiéndose de una lámpara medio tapada con un trapo para que los rayos de luz no fuesen descubiertos por los guardianes. ¡Cuántas horas de reposo perdidas para atenuar los rigores de un afeitado concentracionario!

(CONSTANTE, Mariano: Yo fui ordenanza de los SS, Pirineo, 2000, pag. 130-131)

PREGUNTAS:

  1. ¿Por qué era considerado el afeitado como un acto humillante para el prisionero?
  2. ¿Por qué crees que se realizaba en esas condiciones tan malas: falta de jabón, cuchillas sin afilar, etc.?
  3. ¿De qué forma trataba de paliar la organización clandestina española las penalidades de esta experiencia? ¿Por qué lo hacían? Explica a qué hace referencia el autor al referirse a la “paciencia de Job”?
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