YO FUI ORDENANZA DE LAS SS: LOS HORNOS DE MAUTHAUSEN

Posted on 16 marzo, 2012

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Al acostarme estaba convencido de que aquella noche no dormiría mucho. Poco a poco, los cuchicheos de algunos de los deportados fueron cesando, el jefe de block apagó la luz y un silencio sepulcral, tan característico en Mauthausen, se enseñoreó del campo. Por las ventanas penetraba la claridad de las luces de la parte alta de la muralla, colocadas junto a las alambradas eléctricas que rodeaban el campo, esparciendo su luz por el terreno cercano a la pared. Aquellas potentes lámparas parecían ojos monstruosos con los párpados medio cerrados que traicioneramente miraban sólo hacia el suelo, dejando en la oscuridad la parte superior por la que corría la alta tensión, entre los espinosos hilos metálicos… Por la parte derecha otras claridad penetraba por las ventanas, rojiza e intensa por momentos, haciendo danzar unas sombras como si una banda de fantasmas anduvieran por el campo. Aquella iluminación venía de las chimeneas del crematorio que, día y noche, lanzaban hacia el cielo sus lenguas de fuego rojizo y humo negro, producidos por los cuerpos humanos quemados en sus hornos. Al terrible espectáculo de las llamaradas se añadía el insoportable olor de la carne humana quemada… Desde el día de mi llegada a Mauthausen aquellas llamas me habían impresionado. Eran como la imagen del infierno, tal y como me lo había imaginado yo –con mi imaginación de niño- cuando leía la Historia Sagrada, y que allí, en el espantoso campo de exterminio, eran el punto final de las torturas y del horror, que Dios –si había un Dios- lo había reservado a los inocentes, a los mártires que eran exterminados en su nombre, puesto que “Él estaba con los SS”, al decir de éstos.

Creo que fue una de las veces que más me afligieron y acongojaron aquellas llamaradas, pues veía en ellas como un presagio del destino que ya tenía trazado. Me recordaron los cientos, los miles de compatriotas que con sus cuerpos  habían alimentado  durante unos minutos los hornos crematorios; y que, tras unas llamaradas, sólo había quedado de ellos aquel puñado de ceniza que los deportados de un kommando habían esparcido por la hondonada del campo… ¡Trágico y terrorífico destino colectivo el nuestro, que hacía que sólo quedáramos unas docenas con vida!

(CONSTANTE, Mariano: Yo fui ordenanza de los SS, Pirineo, 2000, pag. 24-25)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué es tan terrible la imagen de las chimeneas?

2. Según el texto, ¿cuáles son las medidas de seguridad en el campo?

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