YO FUI ORDENANZA DE LOS SS: ORGANIZACIÓN CLANDESTINA ESPAÑOLA EN MAUTHAUSEN

Posted on 19 marzo, 2012

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Íbamos tejiendo poco a poco nuestra tela de araña en el contorno del campo y sobre los diferentes lugares y talleres que nos interesaban. Debíamos procurarnos todo aquello que podía ser útil a nuestros compañeros extenuados y en particular algo de comida, cosa que veníamos haciendo desde el comienzo de la deportación. La vigilancia que ejercían los SS sobre nosotros en los primeros tiempos, y la imposibilidad de entrar en la cocina de los mismos, dificultaban nuestra tarea. Teníamos otra pega importante: los delincuentes comunes que todavía prestaban servicio en lugares como el almacén. La hostilidad hacia nosotros no conocía tregua, al ver cómo lográbamos introducirnos en la mayoría de los grupos “privilegiados”; y bastaba que un español hiciera la menor sisa, aunque sólo fuera de un pedacito de pan que había recogido del suelo, para que fueran a dar el chivatazo a los SS. Afortunadamente, la viveza nos salvaba y cuando intentaban cachearnos la cortecita de pan ya había desaparecido sin que quedase rastro de ella.

Esperando que llegase el momento oportuno de emprenderla con sus suministros, nos dedicamos a la ayuda en los grupos de trabajo y a distribuir las consignas de sabotaje y trabajo lento (pasividad) en los mismos.

El camuflar a un compañero, evitándole durante algunos momentos el duro acarreo de piedras, o el arrastrar vagonetas, era algo que tenía suma importancia. Los ordenanzas podíamos pedir a un kapo del grupo de los albañiles que nos “prestaran” cuatro, seis u ocho prisioneros para que nos ayudasen. Por ejemplo: cuando íbamos al almacén de la ropa donde guardaban sus sábanas, mantas, etc., necesitábamos por lo menos cuatro hombres, para llevar las parihuelas cargadas con los juegos de camas. Los hacíamos venir hasta nuestras barracas (tenían prohibido entrar en ellas, bajo pena de castigo) y allí les dábamos los paquetes de ropa sucia; aquella operación que normalmente podía ser realizada en diez o quince minutos, tratábamos de hacerla durar hora y media o dos horas; para ello siempre era necesaria la complicidad de todos y tener preparada de antemano toda la serie de explicaciones que pudieran parecer verosímiles, en caso de despertar sospechas en los SS.

Los compatriotas sastres, con Bonaque, Urúen, Falo y Domínguez en cabeza confeccionaban manoplas y calcetas, con pedazos de tela robada a los SS o con trapos viejos; ni que decir tiene que lo hacían a escondidas. Nosotros pasábamos cerca de las barracas de sus talleres y ellos, por las ventanas, con la rapidez del relámpago, lanzaban los paquetes que recogíamos en las parihuelas mencionadas para poder distribuirlos entre nuestra gente. En varias ocasiones logramos incluso enviar algunos de aquellos guantes o calcetas a los comandos exteriores, como el situado junto a la ciudad de Steyr y el de Teinberg, donde teníamos compatriotas que sufrían atrozmente del frío. Como todas nuestras “invenciones” para hacer frente a la trágica situación de los nuestros, aquellas calcetas y manoplas representaban el poder resistir mejor las intemperies, el no caer muertos de congestión o víctimas de una broncopulmonía. Los amigos de la desinfección a veces recuperaban algún jersey usado, de los robados por los SS a los recién llegados, y que servían para aliviar a nuestros enfermos. Recalquemos que ni las calcetas –no existían los calcetines- ni las manoplas, ni los jerseys estaban autorizados en el campo- en particular para los españoles-, pero, pese a las amenazas y palizas, se consiguió que los SS –sin tolerarlo- se acostumbraran a ver a más de un español vestido con aquellas prendas creadas por la imaginación fecunda de nuestros compatriotas. Pero lo que nos estaba prohibido a los españoles no lo estaba para los delincuentes  comunes, que podían tener calcetines, guantes y gorras de tejido recio. […]

Cada grupo de trabajo, cada taller, tenía alguna posibilidad de ayudar a la organización de solidaridad española. ¡Todo era estudiado, medido, calculado, hasta el más mínimo detalle debía ser aprovechado para hacer frente al exterminio…!  […]

Donde sí resultaba difícil desplegar nuestras actividades era en la cantera. Allí no teníamos derecho a poner los pies, pese a que ésta se encontraba dentro de la doble línea de alambradas, es decir, en el perímetro exterior. No obstante, los españoles que trabajaban en ella, y tras una larga odisea de castigos, torturas e incluso de muertes, habían conquistado puestos reservados a los bandidos alemanes como maquinistas de trenes de vagonetas, labradores de piedra, conductores de máquinas, herreros, etc. […]

Ahora era preciso lograr la colaboración de otros españoles además de los que, aun no siendo comunistas, aceptaban nuestras orientaciones. Para ello debíamos ampliar los contactos con los demás representantes de grupos políticos o filosóficos con el fin de aunar nuestros esfuerzos. En el plano internacional también nos propusimos animar e incrementar nuestra relación actuando de “remolcadores”. […] El aparato militar, que habíamos constituido los comunistas españoles unos meses antes, formaba parte de nuestro plan de lucha contra los SS, y aunque en aquellos momentos a algunos se les antojaba un proyecto demencial, más tarde verían que no fue una idea descabellada. Al principio lo componíamos sólo unos sesenta camaradas, en su mayoría oficiales del ejército de la República española, hombres de confianza y resueltos a luchar cuando y como fuera necesario. Lo más difícil de mis actividades clandestinas era el tener que archivarlo todo en la cabeza. No teníamos papel –nos estaba prohibido- ni pluma. Todo debía ser registrado, anotado y grabado en la memoria. Sólo tuve escrita la lista de los componentes del aparato militar y algún croquis, hechos en caracteres muy diminutos sobre una cartulina, con tinta china sustraída por De Diego en las oficinas de los SS. Aquellas cartulinas las tenía escondidas en una rendija de la doble tarima del block número 13.

(CONSTANTE, Mariano: Yo fui ordenanza de los SS, Pirineo, 2000, pag. 69 a 76)

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué tipo de  actividades se desarrollaban por parte de la organización clandestina española en Mauthausen?
  2. ¿Con qué tipo de dificultades se encontraban para poder realizar estas tareas?
  3. ¿Qué riesgos crees que corrían sus integrantes si eran descubiertos por los SS?
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