YO FUI ORDENANZA DE LOS SS: INTENTOS DE EVASIÓN EN MAUTHAUSEN

Posted on 23 marzo, 2012

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¡Evadirse de Mauthausen…! Aquella idea que más de una vez me había pasado por la cabeza me asaltó de pronto. Me miré una vez más en el espejo y me dije que con aquel uniforme podía intentarse la cosa [se refiere al uniforme de un SS]. Me veía escondiéndome una tarde en la propia habitación de un SS, y después de pasar lista –una vez relevada la guardia exterior- salir por las escaleras de la cantera y desde allí lanzarme a campo traviesa en dirección…¿En qué dirección? Ahí se atascaba mi proyecto. Me rendí a la evidencia: evadirse del campo central de Mauthausen era imposible para nosotros. Más de una vez habíamos comentado las posibilidades existentes y las conclusión a que llegábamos era siempre la misma: para poder intentarlo hubiese sido preciso tener unas fuerzas físicas de las que la mayoría de nosotros carecíamos y disponer de una complicidad exterior muy problemática.

Los ejemplos no faltaban, desafortunadamente. Tres tentativas de evasión se habían producido en Mauthausen. Dos de ellas en el campo central y una fuera, en un grupo de trabajo bastante alejado. Las tres habían fracasado.

La primera tentativa la realizaron cuatro españoles, en julio de 1941. Los SS habían pedido ciento cincuenta españoles para construir un tramo de carretera estratégica entre dos pueblos de la montaña del vecino Tirol. A este grupo se le dio el nombre del pueblo cercano en el que estaban trabajando: Bergstein. Una sección de SS quedó encargada de custodiarlos en el tajo y en la barraca donde dormían, la cual estaba rodeada por una alambrada de espinos. El estar en la montaña, en medio de bosques de pinos, junto a un torrente, y sin murallas ni alambradas eléctricas, incitó a nuestros compatriotas a intentar evadirse. Velasco, Izquierdo, López y Cerezo pusieron el proyecto en ejecución logrando escapar una noche: aprovecharon el lecho del torrente vecino para andar sin dejar huellas para los perros de los SS, alejándose hacia el oeste, con Francia como meta. En realidad no sabían hacia dónde iban, estaban desorientados, y sólo al cabo de varios días acertaron a poner proa a poniente. Faltos de dinero, de orientación, no conociendo la lengua del país y vestidos de presidiarios, pronto se dieron cuenta de que era una aventura descabellada. Pero siguieron andando en dirección al oeste, logrando apoderarse, por el camino, de algunas prendas de paisano y de algo de comida. Escondiéndose continuamente de los habitantes, deambularon durante un mes por las montañas austriacas, hasta que empezaron a faltarles fuerzas lo que obligó a Izquierdo a tener que abandonar el intento, refugiándose en un grupo de prisioneros de guerra franceses que lo protegieron durante algún tiempo. Los otros tres compañeros continuaron su camino, errando de un lado para otro, hasta fines de septiembre. Por desgracia un día fueron descubiertos por un civil austriaco, que después de haber herido a Velasco de una puñalada en la espalda amotinó a la población contra ellos, lanzándose a su captura. Velasco fue detenido rápidamente. Cerezo y López consiguieron esconderse, pero la policía los acosaba y no tardaron en caer en sus manos. Intentaron hacerse pasar por prisioneros de guerra franceses, pero el truco no dio resultado, ya que la Gestapo había señalado su evasión a los servicios policíacos del III Reich. Fue éste un caso excepcional, podría decirse, el permanecer durante dos meses deambulando sin ser descubiertos, sobre todo teniendo en cuenta que, durante este período de tiempo, no lograron alejarse más de ciento cincuenta kilómetros del kommando de Bergstein. Casi siempre anduvieron errando por las montañas del Tirol austriaco. López, Cerezo, y más tarde Velasco, que había sido curado en un hospital, fueron conducidos de nuevo al campo central, donde les fueron impuestos castigos espantosos, siendo enviados a la straffkompanie. Ziereis les impuso el círculo rojo, distintivo de los que habían intentado evadirse de un campo y señalados así para ser exterminados en la compañía de castigo. La solidaridad de los españoles lograría el que los designios de Ziereis no se cumpliesen, entregándoles cada día unas cucharadas de comida a cada uno de ellos para que pudiesen seguir resistiendo. ¡Y se consiguió! En cuanto a Izquierdo –como se supo años más tarde- fue llevado a la prisión de Berlín, tras haber sido descubierto entre los franceses, donde se rompió un brazo intencionadamente cuando le fue comunicada la noticia de que iba ser devuelto a Mauthausen. Más tarde sería trasladado al campo de Dachau. Así terminó la primera tentativa de evasión de prisioneros de Mauthausen. Es decir, desde un campo exterior. Los españoles habían demostrado que era posible escaparse. En cambio, del campo central era imposible, como se vería más tarde tras las dos tentativas abortadas en 1942.

En la primera de ellas tomaron parte cuatro alemanes delincuentes comunes: dos kapos y dos “enchufados” del lavadero. El principal instigador fue el kapo del baukommando Fritz, al que, pese a sus antecedentes de maleante, los españoles apreciaban mucho por su excelente conducta hacia ellos –quizá la única excepción entre la gente del hampa-, evitándoles castigos y no pegándoles nunca. Fritz, que era el kapo de los albañiles de la construcción del campo, trabajaba por aquella época colocando las tuberías del agua caliente para la calefacción de las barracas de los SS. Cañerías que iban de los sótanos del lavadero, donde estaban las calderas, hasta los bajos de la barraca del baubüro (oficina de cartografía) situada en el perímetro exterior. Durante los trabajos, un centinela SS se apostaba por las noches en la parte superior de la trinchera abierta, vigilando aquel paso. Pero Fritz, que había preparado su tentativa minuciosamente, logró tapar con unos cartones salpicados de cemento –que daban la impresión de ser una pared- el orificio de salida de las tuberías. Y, una noche, después de pasar lista y sonado el toque de queda, el kapo citado y sus tres compañeros lograron deslizarse por debajo de los tubos y arrastrarse más allá de la zona vigilada por el SS del mirador más cercano. La desaparición de los cuatro fue descubierta a la mañana siguiente al pasarse lista. Todo el mundo fue castigado permaneciendo de pie, formados, durante horas y horas, mientras los SS organizaban la búsqueda de los fugitivos. Tanto la policía urbana, como la Gestapo y los SS dieron la alarma y empezó una verdadera caza al hombre por aquella región de Austria. Cinco días después serían capturados, al ser denunciados por la población civil, que los había descubierto cuando pasaban cerca de un pueblo, a uno cien kilómetros del campo. Fueron traídos a Mauthausen –como habían hecho con los evadidos españoles- y los torturaron salvajemente durante varios días. A continuación, Ziereis organizó una mascarada de aquellas que sólo ellos, los genios del mal, podían concebir antes de ejecutarlos. Hizo levantar un cadalso en medio de la appellplatz, con cuatro cuerdas, una para cada uno de ellos. Luego hizo desfilar a los condenados acompañados de unos músicos que tocaban el tango francés J’attendrai (Te esperaré) ante nosotros, que habíamos sido formados varias horas antes para presenciar aquel sacrificio. Uno a uno, fueron empujados hacia el cadalso donde debían colocarse la cuerda al cuello mutuamente, y antes de hacerlo debían repetir unas palabras de Ziereis: “Somos castigados y exterminados por haber sido unos canallas, criminales e indisciplinados. Somos unos seres abyectos que no tienen derecho a vivir en el III Reich”. Fritz, considerado como el instigador del golpe, fue el último en ser ahorcado, debiendo pasar la cuerda al cuello de su compañero antes de colocársela él. Y, como si el destino se recrease con él- o hecho ex profeso por los SS, tal era el sadismo-, la soga se rompió dos veces, y Fritz tuvo que colocarse la cuerda en el pescuezo tres veces. Estábamos seguros de que aquella escena, digna de Nerón, había sido preparada minuciosamente por Ziereis y sus esbirros.

Una vez colgados, Ziereis subió al tablado y se puso a proferir amenazas contra todos nosotros, y para que nos quedase bien grabada la escena nos hizo desfilar, uno a uno, ante los ejecutados, y al pasar teníamos que mirar los cuerpos, que se balanceaban ligeramente en la extremidad de la soga. Durante el desfile, los SS, borrachos perdidos, la emprendieron a latigazos con nosotros, gritando como poseídos.

La segunda tentativa de evasión del campo central fue obra de un “triángulo verde”, es decir, de un condenado de delito común, de origen polaco, que trabajaba como mecánico en el garaje de los SS. Este prisionero, que por su conducta y capacidad profesional, era menos vigilado durante su trabajo que otros, había observado que los SS enviaban a Viena las piezas usadas de los motores, a los talleres centrales de los SS, haciéndolo en cajas de madera bastante grandes. Un día, en que dicho prisionero tenía que colocar un motor de coche en una de aquellas cajas, lo hizo dejando un espacio libre suficiente para acurrucarse dentro, y preparando la tapadera para poderla cerrar desde el interior. Cuando llegó el momento oportuno se colocó en la caja cerrándola por dentro. Los propios SS la cargaron en un camión y así salió de Mauthausen. Aunque aquello nunca se dilucidó, en el campo se comentó que la caja había sido depositada en un vagón de la estación, del que se escapó saltando del tren que lo llevaba hacia Viena. Pero, como los precedentes evadidos, también fue denunciado por la población civil y perseguido durante varios días hasta ser apresado por la Gestapo. Ziereis y sus esbirros lo torturaron con ensañamiento, colocándolo más tarde dentro de la misma caja que le había servido para la evasión, y que entonces le sirvió de ataúd, siendo enterrado vivo. Lo mantuvieron en aquellas condiciones durante varios días, hasta que decidieron su liquidación definitiva. Colocaron cuatro ruedas a la caja, y dentro de ella, de pie, al prisionero; siendo arrastrado por otros dos prisioneros que lo pasearon ante los deportados del campo, alineados y formados para presenciar el espectáculo. La mascarada –que de no haber sido trágica hubiera hecho pensar en una escena de carnaval- la abría un prisionero que iba en cabeza del cortejo, tocado con un sombrero, al que seguían varios músicos con vestimenta de payasos; y culminó con la ejecución del prisionero, colocándose él mismo la soga al cuello. Y de nuevo se nos impuso desfilar ante el ahorcado. Hasta el viento parecía prestar sus fuertes soplidos para hacer balancear aquel cuerpo. Un silencio de muerte, sólo entrecortados por el tableteo de las chancletas de madera de los prisioneros, y, de vez en cuando, por una carcajada histérica de un SS.

(CONSTANTE, Mariano: Yo fui ordenanza de los SS, Pirineo, 2000, pag. 153-158)

En 1945 hubo una evasión del campo central organizada por los soviéticos del block 20, encerrados tras las murallas que rodeaban este block y que eran exterminados secretamente. Atacaron los miradores de los SS y las murallas, pese a sus alambradas eléctricas, utilizando sus mantas y sus chancletas de madera como proyectiles. De los trescientos, que dieron el asalto sólo unos cuantos lograron escapar, huyendo hacía las líneas del frente soviético, que estaba entonces a unos doscientos kilómetros de Mauthausen. Del pequeño grupo de huídos tan sólo siete lograron escapar de los SS, escondiéndose en los bosques en espera de la llegada de las tropas rusas. Eran los últimos tiempos de la guerra, desde luego. Pero fue un ejemplo de voluntad, coraje y valentía de aquellos hombres que tenían la certeza de ser ejecutados. Prefirieron morir intentando la evasión.

(CONSTANTE, Mariano: Yo fui ordenanza de los SS, Pirineo, 2000, pag. 158, nota 3)

PREGUNTAS:

  1. ¿Por qué crees que eran en algunas ocasiones los prisioneros mejor situados (con oficios más cómodos, kapos, especialistas, etc.) los que trataban de  evadirse, si eran ellos los que disfrutaban de mejores condiciones con respecto a los presos corrientes?
  2. ¿Cuáles eran las tácticas utilizadas para conseguir evadirse?
  3. ¿Por qué estaban destinadas al fracaso todas las tentativas de evasión?
  4. ¿Por qué se realizaban esos “espectáculos” sangrientos con los evadidos capturados?
  5. Escucha la canción “J’attendrai”. ¿Qué objetivo podía tener utilizar una orquesta para recibir a los evadidos?