YO FUI ORDENANZA DE LOS SS: MENTALIDAD SS

Posted on 28 marzo, 2012

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Aunque parecían acostumbrarse a mi presencia entre ellos, los SS no por ello me “adoptaban”. Pronto me di cuenta que la vida que llevaban (sus actitudes, sus concepciones), estaba totalmente alejada de cualquier realidad humana. El sistema que los había creado, educado (si educación podía llamarse a una idea inculcada negando el respeto a los valores humanos), los hacía vivir al margen de todos los principios fundados por y para los hombres. No solamente tenían el fanatismo político, racista, de exterminación de todo cuanto no fuera ario que les habían enseñado en los centros especiales de preparación para llegar a ser un perfecto SS, tenían también el espíritu de persecución, de desconfianza, evitando todo contacto o diálogo que el que pudieran tener entre ellos mismos. Es posible que aquel espíritu estuviese modelado en gran parte por sus monstruosos crímenes. Eran los SS de Mauthausen, y para ellos no existía, ni debía existir, análisis de las causas que hacían que otros hombres pensasen de manera distinta y tuviesen unas concepciones más humanas sobre la vida. Para ellos, los prisioneros políticos eran todos enemigos encarnizados que deseaban el aniquilamiento de Alemania entera y que, por lo tanto, debían ser destruidos tan pronto cayesen en sus manos. […]; el resto de la humanidad les era hostil y, por consiguiente, despreciable. Eran concepciones que les servían de argumento para justificarse a sí mismos; así, si cometían un crimen, éste no representaba un delito, sino todo lo contrario: era como una acción benéfica para sus ideales, para ellos y para su pueblo. Llegaron a convencerse, con aquel adoctrinamiento, que sus crímenes eran justos y que esa justicia emanaba de Dios por mediación de su führer Adolf Hitler.

La desconfianza era una verdadera institución entre ellos. Se podía comprender que existiese hacia los prisioneros, sus enemigos y “subhombres”, lo que no se podía entender era el que aquella falta de confianza estuviera arraigada en ellos de tal forma que hasta en los más nimios detalles estallara sin recato. Sus conversaciones eran triviales, sin interés, salvo cuando comentaban las actividades de su partido donde aparecían ideas comunes y convergencia de opiniones, mostrando a qué punto toda su vida dependía de aquel ideal que les trazaba la conducta a seguir en todo momento. Eran unos “autómatas mecánicos”, dirigidos y conducidos por la “máquina pensadora”: los teóricos nazis como Goebbels, Kaltenbrunner, Himmler y algunos más como el estratega Goering.

[…]

En el medio en que habían nacido y vivido todo parecía haberles empujado a seguir por aquel derrotero. Su mentalidad, la de sus familias en la mayoría de los casos, era típicamente prusiana, de dominación, de fuerza, etc.; estas familias eran una de las bases del nazismo. Habían sido criados y educados con la divisa: “El que no sabe obedecer no sabrá jamás mandar e imponer una disciplina férrea”. Para la “raza de los señores” no existía la menor duda de que les estaba asignada la tarea de mandar y dirigir el mundo dominado por el “orden nuevo”. Numerosos jóvenes, hijos de familias tradicionalistas y partidarios de las teorías racistas que pregonaban la superioridad de su raza, eran guiados por aquellos cauces desde los primeros años de su adolescencia. Muchas de aquellas familias no podían soportar y aceptar un trabajo mediocre para sus retoños, y cuando éstos fracasaban en sus estudios los empujaban a alistarse en las huestes SS. (La mayoría de los SS toten-kopf –calaveras o cabeza de muerto- que encontramos en Mauthausen en 1940 y 1941, cuya edad oscilaba entre los dieciséis y veinte años, eran estudiantes fracasados.) Ni que decir tiene que la edad se prestaba para ser manejados y moldeados fácilmente, y a ello debe añadirse que, para ellos, la militancia en los ideales nacionalsocialistas y de su patria era el desquite por sus fracasados estudios. Así se comprende que la mentalidad del perfecto SS arraigara bien en su espíritus yermos de toda educación, cultura y de una influencia virtuosa o simplemente humana.

Algunos de los oficiales y suboficiales, los más jóvenes, de los cuales yo era el swing, tenían sus divisas o consignas escritas en letras góticas, encuadradas en un marco y colgadas en las paredes de la habitación junto a sus camas. Entre ellas aparecía una máxima que casi todos tenían escrita en caracteres gruesos, como para tenerla bien presente: “LA PIEDAD ES UNA DEBILIDAD”.

(CONSTANTE, Mariano: Yo fui ordenanza de los SS, Pirineo, 2000, pag. 79-82)

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué características ideológicas atribuye el autor a los SS’
  2. ¿Cuáles cree él que eran las causas de esa mentalidad?
  3. ¿Puedes pensar tú en otras causas o circunstancias que impulsaran a los jóvenes a seguir la ideología nazi?
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