YO FUI ORDENANZA DE LOS SS: LOS SS DE MAUTHAUSEN

Posted on 30 marzo, 2012

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Los SS de Mauthausen, en general, iban voluntarios a servir en aquel campo. Debían hacer un nuevo juramento que se añadía al que hacían al ingresar en los SS, que, como se sabe era de fidelidad absoluta al Führer. Aquel nuevo juramento estaba a juego con lo que se esperaba de ellos en las actividades específicas del campo de exterminio. Debían jurar no revelar jamás lo que verían o harían en Mauthausen; incluso cuando hubiese terminado su servicio, al ser desmovilizados o enviados a otros cuerpos del ejército del III Reich. (Este mismo juramento era exigido a los civiles que, directa o indirectamente, tenían contacto con los deportados, como los ingenieros y técnicos que les ayudaban en la explotación de la cantera, etc.) Los SS sabían que si faltaban al doble juramento serían considerados como traidores al Estado y a la patria. Es decir, que por encima del adoctrinamiento nazi y su fidelidad a Hitler, tenían aquel juramento, aquel yugo que los uncía a Ziereis, el comandante jefe de Mauthausen, responsable supremo de la exterminación de los deportados de “su imperio”. En una palabra, aquel juramento les hacía considerar con más firmeza que su actuación allí era una prueba más de lealtad patriótica.

[…] Aunque alguno de ellos tuviese instintos menos perversos al llegar al campo, poco a poco lograban inculcárselos, sin encontrar en ellos gran resistencia, desde luego. Nunca titubearon lo más mínimo, por horrible que fuese el acto que iban a cometer o presenciar. Nunca se dio la menor protesta ni se oyó la menor súplica a sus superiores, o a sus subordinados, para frenar los desmanes. Nunca la más mínima muestra de remordimiento de conciencia. Aunque algunos diesen la impresión de no castigar o exterminar con el mismo ensañamiento, a prisioneros de tal o cual nacionalidad o condición, no se dio nunca el caso de que alguno de ellos pidiese ser enviado al frente para no ser protagonista  y ejecutor de aquellas barbaridades y, por lo tanto, cómplices de aquel periódico genocidio.

Existían dos grupos diferentes de SS en el campo, o mejor dicho, dos categorías: los encargados de la vigilancia en los miradores y grupos de trabajo, y los responsables de toda la administración y dirección del campo. Los primeros vivían en las barracas a la entrada del perímetro exterior, divididos en compañías, como en un cuartel. Los segundos eran aquellos a los que servíamos nosotros [se refiere a los ordenanzas de la kommandantur]. Los primeros debían ocuparse ellos mismos de la limpieza de sus barracas y habitaciones (estaba terminantemente prohibido a los presos –salvo a nosotros- el acercarse a sus barracas). Los otros eran servidos en sus apartamentos y habitaciones por “sus criados”, que éramos nosotros. Dos categorías, dos actividades distintas, aunque sincronizadas. La única diferencia era que los guardianes eran sustituidos, algunas veces, por nuevos SS, mientras que los de la kommandantur llevaban allí mucho tiempo: algunos de ellos desde 1939. Unos y otros eran sometidos al entrenamiento y preparación especial que requería el prestar sus servicios en un campo de exterminio. En torno a ellos, velaba con sumo interés el comandante Zeireis, que los reunía periódicamente en el patio de los garajes donde también distribuía, de vez en cuando, elogios y condecoraciones, al tiempo que discurseaba sobre la lealtad, los deberes de los representantes de la raza pura y la alta misión patriótica que les estaba encomendada. […]

Pero, así como los SS guardianes tenían que vivir en sus barracas, de las que sólo salían para escoltar a los presos al ir a las duchas y al comedor donde recibían su pitanza, los de la kommandantur tenían la posibilidad de desplazarse por cualquier lugar del campo. A los SS guardianes no se les autorizaba el acceso a la cantera, al recinto exterior donde se hacían las obras, ni a los talleres de carpinteros, sastres, etc.; ni tampoco a penetrar en el recinto interior electrificado, sin una orden o acompañados de un oficial. Debían atenerse a las órdenes que les daban sus jefes y dedicarse solamente  a la vigilancia en los miradores y a conducir a los presos al trabajo. Esto no les impedía el disparar sobre un deportado diciendo que había intentado huir, por lo cual recibían una recompensa. Además, de cuando en cuando, Ziereis les reunía –como ya se ha explicado- y escogía a los más aptos para torturar a la gente; a cambio les daba cargos de responsabilidad y pasaban a engrosar el grupo que servíamos nosotros.

[…] Era curioso, e increíble a veces, el comportamiento de aquellos seres. La élite miraba desdeñosamente a los SS de la tropa, aunque la única diferencia existente era la de pertenecer al servicio de la vigilancia armada, porque en la realidad nada les separaba, ni en punto a ferocidad ni a fanatismo; hasta para ir a la barbería tenían sus horas marcadas unos y otros, y raramente se juntaban los SS de la kommandantur con los SS guardianes. Parecían ignorarse los unos a los otros. […]

La complicidad entre unos y otros era completa cuando se trataba de los prisioneros, tanto en lo que afectaba a la disciplina y a la vigilancia como en la exterminación. Sin embargo, sus métodos diferían bastante, como si hubiesen obedecido a una planificación de sus desmanes. Y una prueba clara de aquellas diferencias era la sumisión de la oficialidad de los guardianes a la de la kommandantur. Yo tuve ocasión de comprobarlo más de una vez. Un botón de muestra: el de Bachmayer, jefe de campo, con relación a su colega Zoller […]  Zoller fue nombrado jefe de guarnición, y su grado de capitán representaba, en realidad, mando de comandante. Sin embargo, Bachmayer tenía plena autoridad sobre él, viéndose obligado Zoller a rendirle cuentas de todo.

(CONSTANTE, Mariano: Yo fui ordenanza de los SS, Pirineo, 2000, pag. 85-91)

PREGUNTAS:

  1. ¿Quiénes eran los máximos responsables SS de Mauthausen? ¿Qué cargos tenía cada uno de ellos?
  2. ¿Qué diferencias se establecían entre los SS destinados a Mauthausen?
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