SIN DESTINO: TODO EN ORDEN

Posted on 5 abril, 2012

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(…) no podría afirmar con exactitud si fue nuestro esfuerzo o el de los soldados o el de los presos o el de todos juntos el que consiguió formarnos en una sola y larga fila de cinco hombres –ya sólo de hombres-, que lenta pero decididamente avanzaba paso a paso. Allá delante, nos dijeron otra vez, nos esperaba la ducha, pero primero teníamos que pasar el examen médico. Nos explicaron, aunque era fácil adivinarlo, que se trataba de un examen de aptitud para el trabajo.

(…) Todo lo que vi durante el trayecto resultó de mi agrado. Sobre todo, un campo de fútbol que estaba en un claro, a la derecha, y que parecía estar en perfecto estado: con su prado verde, sus porterías, sus líneas debidamente trazadas; todo bien cuidado y ordenado. Enseguida nos pusimos a hacer planes: después del trabajo iríamos allí a jugar al fútbol. (…)

Después de girar a la izquierda y de pasar por otro portón con alambres, llegamos a las duchas que se encontraban en medio de un patio. Allí nos estaban esperando y nos explicaron todo con paciencia y amabilidad. Primero entramos a un lugar con el suelo cubierto de baldosas, que era como una antesala. En el interior había mucha gente, algunos de ellos llegados en nuestro tren, por lo que comprendí que la rueda seguía girando sin cesar. De la estación llegaba más y más gente, en grupos, para ducharse. Dentro nos ayudaba un preso, un preso –tuve que reconocerlo- muy elegante; vestía el mismo uniforme a rayas pero con hombreras y un corte impecable, como si fuera a la última moda, bien planchado y todo; su cabello era negro y bien peinado, como el nuestro, las personas que estábamos en libertad. (…) Nos enteramos, por ejemplo, de que en la siguiente sala, a la que llamó “vestuario”, nos tendríamos que quitar toda la ropa y colocarla de manera ordenada en unos percheros que tenían sus correspondientes números. Mientras nos estuviéramos duchando, desinfectarían nuestras ropas. Era necesario –lógicamente, como nos decía- que recordáramos nuestros respectivos números. También me pareció lógico que nos propusiera atar nuestros zapatos para “evitar extravíos o pérdidas”. A continuación, unos barberos profesionales nos cortarían el pelo y, según nos prometía, después de todo eso llegaríamos a las duchas.

(KERTÉSZ, Imre, Sin destino, Acantilado, pags. 86-97)

PREGUNTAS:

  1. ¿Por qué el aspecto  de Auschwitz le parece tranquilizador y carente de peligro?
  2. ¿De qué maneras consigue la administración del campo la colaboración de los nuevos prisioneros?
  3. ¿Qué va a ocurrir con las ropas que se dejan en el “vestuario”?
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