SIN DESTINO: UN DURO APRENDIZAJE

Posted on 11 abril, 2012

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Lo principal era no abandonarse; algo siempre pasará porque nunca ha pasado que algo no pasara, eso me enseñó Bandi Citrom, afirmación llena de sabiduría que él había aprendido en el campo de trabajo. La primera cosa, la más importante era, en todas las circunstancias, el lavarse (…) También era sumamente importante administrar la ración de comida, la hubiera o no. Por difícil que resultara esa dura disciplina había que guardar algo para el desayuno de laUna foto tomada el 27 de mayo 1944 en Oswiecim, mostrando las mujeres dentro del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. El campo de Auschwitz fue establecido por los nazis en 1940, en los suburbios de la ciudad de Oswiecim que, como otras partes de Polonia, fue ocupada por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Soldados del Ejército Rojo liberó a los pocos miles de prisioneros que los alemanes habían dejado atrás en el campo, el 27 de enero de 1945. AFP PHOTO/ YAD VASHEM Foto Archivo mañana siguiente. Es más, otro trozo debería quedar para la hora de la comida, procurando evitar que nuestros pensamientos y, sobre todo, nuestras manos se encaminaran a los bolsillos. Así, y sólo así, se evitaba el penoso pensamiento de no tener nada que llevar a la boca. Me enteré de que aquel trapo que yo creí siempre que era un pañuelo, servía para envolver los pies antes de meterlos en los zapatos; aprendí que en el recuento o en la marcha, los únicos sitios seguros eran los de la fila del medio; que en el momento en que distribuían la sopa había que ponerse atrás para recibir una porción más espesa; que el mango de la cuchara se podía transformar en un instrumento parecido a un cuchillo. Todo esto –y muchas cosas más, todas muy importantes para la vida de un preso- lo aprendí de Bandi Citrom, observándolo y tratando de imitarlo o comportarme como él. (…)

Nunca lo hubiese creído y, sin embargo, es una verdad como un templo: en ninguna otra circunstancia importa tanto llevar una vida ordenada, ejemplar y hasta virtuosa como estando preso. Todo eso estaba claro. Bastaba echar un vistazo a los alrededores del bloque uno, donde vivían los presos más antiguos. El triángulo amarillo es su pecho lo decía todo, y la letra “L” nos informaba que procedían de la lejana Letonia, exactamente de la ciudad de Riga, según me dijeron. Entre ellos había unos sujetos extraños que al principio me sorprendieron; eran todos muy viejos, con la cabeza hundida, la nariz prominente y el sucio uniforme colgando sobre sus hombros: parecían cuervos frioleros incluso en los días más calurosos del verano. Con aquel aspecto, aquellos pasos difíciles y penosos parecían preguntar: “¿Vale la pena el esfuerzo?” Eran como signos de interrogación vivientes. Por su forma y hasta por su volumen no podían llamarse de otro modo. Me enteré de que en el campo de concentración los llamaban “los musulmanes”. Bandi Citrom me advertía: “Al verlos se te quitan las ganas de vivir” y tenía algo de razón, aunque más tarde comprendí que para eso hacía falta mucho más.

(KERTÉSZ, Imre: Sin destino, Acantilado, pag. 141-142)

PREGUNTAS:

  1. ¿Por qué crees que era tan importante mantener la rutina de lavarse?
  2. ¿Qué pasaba con los presos que no aprendían rápidamente las normas básicas para “arreglárselas” en el campo de concentración?
  3. ¿A quiénes se les llamaba “musulmanes” en los campos de concentración?
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