SIN DESTINO: EL OLOR DE LA MUERTE

Posted on 21 abril, 2012

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Entonces percibimos claramente aquel olor difícil de definir que ya nos había llamado la atención: era un olor dulzón y pegajoso, con un deje a residuo químico ya conocido, un olor tan intenso que casi me hizo devolver el pan. No nos fue difícil descubrir que procedía de una chimenea situada a nuestra izquierda, en la dirección del camino asfaltado pero mucho más lejos. Parecía la chimenea de una fábrica y, según la respuesta que nos había dado alguno de los soldados, era en realidad la chimenea de una fábrica de cuero. (…)

No sé cómo, pero poco a poco fuimos descubriendo que aquella chimenea no era de ninguna fábrica de cuero sino del “crematorio”, el lugar donde se incineraba a los muertos. Cuando me enteré de aquello, no pude dejar de mirar la chimenea con atención: allí estaba, ancha y corta, cuadrada, con la parte de arriba como si estuviera a medio terminar. Yo, por mi parte, no sentía otra cosa que cierto respeto, y el olor, naturalmente, aquel olor que nos envolvía, casi nos ahogaba en su masa espesa y pegajosa como un cenagal. Más lejos advertimos, con sorpresa, la presencia de otra chimenea, y otra, y luego otra más, en el horizonte. Dos de ellas desprendían humo como la nuestra. Quizá también tuvieran razón los que sospechaban del humo que salía de detrás de un bosquecillo con árboles poco frondosos, los cuáles se preguntaban si la epidemia sería tan grande como para que hubiera tantos muertos.

(…) Allí, enfrente, estaban quemando a nuestros compañeros de viaje, los que habían llegado con nosotros en el mismo tren, todos los que habían pretendido subir a los camiones, todos los que en el examen médico resultaron no aptos para trabajar, por ser demasiado viejos o por cualquier otra razón, todos los niños con sus madres y las futuras madres a las que se les notaba ya el embarazo. Como nosotros, todos ellos desde la estación, habían ido a ducharse. También a todos ellos les habían informado sobre las perchas, los números y la organización de la ducha. Después de pasar por el barbero y recibir el jabón entraron en una sala llena de duchas y de tuberías, pero de los grifos no salía agua sino gas. De todos los detalles me fui enterando poco a poco; algunos eran discutidos, otros admitidos, otros adornados y exagerados. Me contaron que esos guardias se mostraban muy amables con ellos; los trataban con consideración; los niños jugaban a la pelota y cantaban. El lugar donde acaban con ellos está situado en medio de un terreno con césped, entre un prado y un bosquecillo: todo eso me pareció una broma o una burla típica de niños.

(KERTÉSZ, Imre: Sin destino, Acantilado, pags.110 a 115)

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué explicaciones se dan en un primer momento a la existencia de las chimeneas con ese olor, y al hecho de que haya tantos muertos en el campo?
  2. ¿A quiénes se gaseaba habitualmente en las duchas? ¿Cómo lograban evitar conflictos con los presos a los que se iba a asesinar?
  3. ¿Por qué la información llega a los otros presos a través de rumores y no con noticias comprobables sobre lo que pasa en las duchas?
  4. ¿Por qué crees que las chimeneas y su humo se convirtieron en auténticas obsesiones para muchos de los supervivientes de los campos de exterminio durante el resto de sus vidas?
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