SIN DESTINO: LIBERACIÓN EN LA ENFERMERÍA

Posted on 22 abril, 2012

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(El protagonista ha conseguido ingresar en una sala hospitalaria del campo de concentración donde es mantenido gracias al apoyo de un médico y un enfermero)

Una mañana, poco después del café, se oyeron pasos rápidos por el pasillo, luego un grito, como una voz de llamada, a lo que Pietka (un enfermero) sacó el paquete de su escondite y desapareció con él. Más tarde, alrededor de las nueve, el aparato (megafonía) llamó por primera vez a los soldados y no a los presos (…) indicando que abandonaran el territorio del campo inmediatamente. Luego oí disparos, como si fuera se estuviera entablando un combate, se acercaban y se alejaban; a veces los oía tan cerca que parecían proceder de la misma habitación donde me encontraba, y luego se alejaron definitivamente. Se hizo el silencio, demasiado silencio; por más que intentara oír, no logré distinguir los ruidos relacionados con la comida, como las llamadas de los que llevaban la sopa, ni en la hora habitual de la sopa, ni después. Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando se oyó un ruido procedente del aparato y poco después una voz anunció que era el Lagerältester, el Lagerältester al habla. “Kameraden (Camaradas) –dijo, luchando evidentemente con sus emociones que lo dejaban sin habla o, al contrario, agudizaban su voz –wir sind frei! (¡somos libres!). (…) Por mucho que escuchara, siempre hablaban de lo mismo, la libertad, pero no decían ni una palabra de la sopa. Yo estaba, por supuesto, muy contento de que fuéramos libres, pero no podía evitar pensar que el día anterior no había ocurrido nada por el estilo pero teníamos sopa.

La tarde de abril comenzaba a oscurecer cuando volvió Pietka, con la cara colorada, muy contento, con mil noticias. Por el aparato se volvió a oír la voz del Lagerältester. Esta vez llamaba a los miembros del Kartoffelschälerkommando para que ocuparan sus sitios en la cocina, y pedía a los habitantes del campo que no se durmieran puesto que se estaba preparando una sopa “gulasch” para todos. Entonces me recosté, aliviado, sobre mi almohada, y algo se relajó poco a poco en mi interior. Al fin yo también pude pensar –por primera vez en serio- en la libertad.

(KERTÉSZ, Imre: Sin destino, Acantilado, pags.234 a 236)

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué guardaba Pietka dentro del paquete escondido? ¿Qué hubiera ocurrido si le hubiesen descubierto con él?
  2. ¿Por qué el protagonista no puede pensar en la libertad? Trata de explicar a qué circunstancias se debe su obsesión ¿Cuándo empieza a asumir su nueva situación?
  3. ¿Qué cargo era el de Lagerältester?
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