COMANDANTE DE AUSCHWITZ: ACCIÓN REINHARDT

Posted on 2 mayo, 2012

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Acción Reinhardt era la denominación que camuflaba las operaciones de recolección, selección y utilización de todos los objetos procedentes de los convoyes y del exterminio.

Conforme a la orden del Reichsführer, todo miembro de las SS que se apropiara de alguno de esos objetos sería castigado con la muerte.

Esta operación permitió echar mano de una increíble cantidad de pertenencias, que se elevaba a centenares de millones.

Pese a las severas penalidades, multitud de pertenencias fueron robadas por agentes de las SS, policías, reclusos, empleados civiles, obreros y personal ferroviario. Muchas de esas pertenencias deben de estar aún escondidas o enterradas en los alrededores del campo de Auschwitz-Birkenau.

Cuando a su llegada eran descargados los convoyes de judíos, los equipajes permanecían cerca de la vía férrea hasta que las víctimas fueran llevadas  a los lugares de exterminio o al campo. Luego, un comando de transporte especial venía a retirar los equipajes y los llevaba hasta el lugar de selección “Canadá I”, donde también se los desinfectaba. Al mismo lugar eran remitidas ropas de los exterminados en los Búnkeres I y II y en los crematorios I a IV.

Pero ya en 1942, Canadá I no estaba en condiciones de cumplir regularmente su función. Pese a las nuevas barracas construidas y el trabajo ininterrumpido de los reclusos encargados de la manutención, los equipajes no revisados se acumulaban cada vez más. Y esto sin tener en cuenta que, cada día, el material seleccionado era cargado en vagones cuyo número se elevaba a veces hasta las dos decenas. En 1942 se instaló un nuevo depósito llamado Canadá II, al oeste del sector II de Birkenau. También se construyeron barracas de desinfección y lavaderos. Pero, las treinta barracas se llenaron nada más terminadas. Montañas de equipajes no revisados se acumulaban en las cercanías. Era imposible reforzar los comandos y no se podía pensar en recuperar el retraso durante las “acciones”, que duraban de cuatro a seis semanas. Sólo lográbamos despejar el terreno cuando se producían largos intervalos entre ellas.

Se revisaban las ropas y el calzado para encontrar cosas de valor. Si tenemos en cuenta la cantidad de los que llegaban, ese registro sólo podía ser superficial. Los objetos y ropas eran clasificados y, en parte, enviados al campo cuando podían completar la vestimenta de los detenidos. Una gran cantidad de ropa era puesta a disposición de los refugiados y, más tarde, de las personas que habían perdido sus bienes durante los bombardeos aéreos. Cantidades importantes de ropa fueron enviadas a las fábricas de armamento, para los extranjeros empleados en ellas.

Mantas y colchones, etc., estaban destinados al partido nacionalsocialista. En la medida en que el campo lo necesitara, éste podía completar sus depósitos y también realizar envíos importantes a otros campos.

Las pertenencias eran enviadas a una sección especial de al administración, donde había especialistas encargados de seleccionarlas. Lo mismo ocurría con las divisas y los billetes de banco.

Entre los objetos hallados, sobre todo a la llegada de los judíos procedentes de Europa occidental, se encontraban cosas de gran valor: piedras preciosas evaluadas en millones; relojes de oro y platino recubiertos de diamantes cuyo valor era incalculable; anillos, pendientes, collares, millones de billetes de banco de todos los países. Solía ocurrir que una sola persona llevase centenares de millares, generalmente en billetes de 1.000 dólares. Se empleaban todos los escondrijos, ya fuera en las ropas, en las dentaduras postizas o en el cuerpo.

Concluidas las “acciones” más importantes, los bienes seleccionados eran embalados en cofres y enviados al Reichsbank de Berlín como destino final. Una sección especial se ocupaba de la venta de objetos. Eichmann me dijo que los valores y las divisas se negociaban en Suiza y ejercían una influencia decisiva en el mercado de valores suizo.

Los relojes ordinarios eran enviados por millares a Sachsenhausen. Había allí un taller donde cientos de reclusos, supervisados directamente por las secciones D2 de Maurer, clasificaban y reparaban esos relojes que, en su mayor parte, eran enviados luego al frente, para servir a las necesidades de los miembros del Waffen SS y el ejército.

Los dentistas del servicio de ambulancia de las SS se encargaban de fundir los dientes de oro y entregar el producto a la Dirección Central de Servicios Sanitarios. Incluso fueron halladas piedras preciosas de valor incalculable dentro de muelas empastadas.

El cabello de mujer era enviado a una empresa comercial bávara, que lo utilizaba en la industria armamentística.

Las ropas que ya no servían se destinaban a la industria textil. Y los zapatos rotos eran recortados para emplear el cuero en lo que fuera posible; con el resto se hacía polvo de cuero.

Todas estas operaciones con los objetos de valor que habían pertenecido a los judíos provocaban extraordinarias dificultades en el campo.

En primer lugar, ejercían un efecto desmoralizante en los SS que no tenían un carácter lo bastante fuerte para resistir la tentación de apoderarse de los bienes judíos. Ni siquiera la pena de muerte y largos años de prisión surtían un efecto lo bastante disuasorio. Para los detenidos, los valores judíos ofrecían posibilidades inesperadas, que explican, probablemente, la mayoría de las evasiones. El que se apoderaba sin demasiadas dificultades de un anillo, de un reloj o de un objeto de plata, podía obtener algo de los SS o de los trabajadores civiles: alcohol, tabaco, víveres, documentos falsos, armas y municiones. Era un hecho cotidiano. En Birkenau, los hombres detenidos lograban, de esta manera, entrar por la noche en el campo de las mujeres; incluso lograban sobornar a algunas Kapos. Todo esto ejercía una nefasta influencia sobre la disciplina del campo. Los que poseían objetos preciosos podían comprar la benevolencia de los jefes de compañía, ocupaciones más cómodas e incluso una estancia en la enfermería o bien una mejor alimentación. Pese a que se realizaban los controles más estrictos, nada se podía hacer contra esos abusos.

(HÖSS, Rudolf: “La solución final del problema judío en el campo de concentración de Auschwitz”, en Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, pag. 195-198)

PREGUNTAS:

  1. ¿A qué se llamó “Acción Reinhardt”?
  2. ¿Qué finalidad tenían los objetos confiscados?
  3. ¿Cómo modificaba la vida cotidiana del campo el acceso a esos recursos procedentes de los convoyes?
  4. Fíjate como la  principal preocupación de Höss no es el destino de las víctimas, despojadas de sus pertenencias. ¿Cuál es su mayor preocupación?
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