COMANDANTE DE AUSCHWITZ: AUSCHWITZ, CAMPO DE LA MUERTE

Posted on 12 mayo, 2012

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Según la voluntad de Himmler, Auschwitz estaba destinado a ser el mayor campo de exterminio de toda la historia de la humanidad.

En el verano de 1941, cuando me dio personalmente la orden de preparar en Auschwitz una instalación destinada al exterminio en masa y me puso al frente de la operación, yo no podía hacerme una idea de la envergadura de semejante empresa y de las consecuencias que acarrearía. En aquella orden había algo monstruoso que sobrepasaba de lejos las medidas precedentes.

Sin embargo, los argumentos que Himmler arguyó me hicieron pensar que sus instrucciones quedaban perfectamente justificadas. No podía reflexionar: tenía que ejecutar la consigna. Mi horizonte no era lo bastante amplio para permitirme elaborar un juicio personal sobre la necesidad de exterminar a todos los judíos.

Desde el momento en que el propio Führer se había decidido por una “solución final del problema judío”, ningún miembro veterano del partido nacionalsocialista podía plantearse preguntas, y menos aún si se trataba de un oficial de las SS. “¡Führer, ordena, nosotros te seguimos!”, representaba mucho más que una simple fórmula, un eslogan. Para nosotros, esas palabras tenían el valor de un solemne compromiso.

Tras mi detención, me han señalado varias veces que podía haber objetado a la ejecución de esa orden o bien, llegado el caso, asesinar a Himmler. No creo que tal idea haya podido ocurrírsele a uno solo de los miles de oficiales de las SS. Imposible, impensable. De hecho, muchos oficiales de las SS criticaron la orden, especialmente servera, de Himmler. Protestaron, refunfuñaron; sin embargo, no hubo un solo caso en que se negaran a obedecer.

(…) En calidad de Reichsführer SS, Himmler era “intocable”: las órdenes que daba en nombre del Führer eran sagradas. No admitían contemplaciones, objeciones ni interpretaciones. Se ejecutaban sin piedad y sin atender a las consecuencias, aun a costa de nuestra propia vida, la que muchos oficiales de las SS perdieron durante la guerra.

(HÖSS, Rudolf: Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, pag. 138-139).

PREGUNTAS:

  1. Otra vez Höss vuelve a hacer recaer la responsabilidad sobre el exterminio judío en Auschwitz en otra persona, ¿en quién?
  2. ¿Es creíble la afirmación hecha por Höss de que “yo no podía hacerme una idea de la envergadura de semejante empresa y de las consecuencias que acarrearía”?
  3. A pesar de que califica la orden recibida como “monstruosa”, ¿qué argumentos utiliza Höss para justificar la obediencia ciega a esa orden?
  4. Höss habla de lo absurdo que habría sido tratar de detener las intenciones de Himmler asesinándolo por ejemplo. Pero, si realmente hubiera estado en contra de esas directrices, ¿crees que podría haber hecho algo para evitar el exterminio masivo de prisioneros? ¿Qué tipo de actuaciones habrían podido paliar en parte los sufrimientos de los presos?
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