COMANDANTE DE AUSCHWITZ: ESCENAS ANTE LA MUERTE

Posted on 18 mayo, 2012

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Muchas mujeres intentaban ocultar a sus críos entre los montones de ropa, pero los hombres del comando ponían especial atención y lograban convencer a las madres de que no se separaran de sus hijos. Ellas creían que la desinfección era peligrosa para los pequeños; de ahí sus intentos de ahorrarles dicha operación.

En ese ambiente no habitual, los niños muy pequeños solían ponerse a lloriquear. Sin embargo, tras haber sido consolados por sus madres o los hombres del comando, se calmaban y entraban jugando en las cámaras de gas, bromeando entre ellos con un juguete en las manos.

Varias veces observé a mujeres ya conscientes de su destino que, con un miedo mortal en la mirada, todavía hallaban fuerzas para bromear con sus hijos y tranquilizarlos.

Una de ellas se me acercó al pasar y, señalándome a sus cuatro hijos, agarrados de la mano para ayudar amablemente al más pequeño a caminar por un terreno difícil, murmuró: “¿Cómo puede usted tomar la decisión de matar a esos hermosos niños? ¿No tiene corazón?”

Escuché también las ásperas palabras de un anciano al que tenía cerca: “Alemania pagará cara esta matanza de judíos” Leí el odio en sus ojos. Pero entró tranquilamente en la cámara de gas, sin preocuparse de los demás.

Otro día observé a una joven que no dejaba de correr de una cámara a otra para ayudar a ancianas y niños a desnudarse. Iba acompañada de dos niños en el momento de la selección. Su agitación y su aspecto físico me resultaron especialmente llamativos: no parecía judía. (…) Fue una de las últimas en entrar en el Búnker, se detuvo en el umbral y dijo: “Desde el primer momento supe que nos traían a Auschwitz para matarnos. Me hice cargo de dos niños para escapar a la selección de los detenidos aptos para el trabajo. Quería sufrir mi suerte siendo plenamente consciente de ello. Espero que todo pase rápido. Adiós.”

Sin embargo, a veces podía ocurrir que, durante el desnudamiento, también algunas mujeres se pusieran a aullar, arrancarse los cabellos y gesticular como locas. Entonces había que cogerlas rápidamente, llevarlas detrás de la casa y pegarles un tiro en la nuca.

También oíamos a mujeres que nos cubrían de maldiciones en el momento en que el personal del comando abandonaba la cámara y comprendían qué iba a ocurrir.

Vi a una, en concreto, que se esforzaba por hacer salir a sus hijos justo cuando cerraban las puertas y gritaba: “¡Por lo menos salvad la vida de mis niños queridos!”

En resumen, se producían muchas escenas conmovedoras que no podían dejar indiferentes a algunos testigos.

Durante la primavera de 1942, centenares de seres humanos encontraron la muerte en las cámaras de gas. La mayoría de ellos no sospechaba nada. Su salud era perfecta; los árboles frutales que rodeaban la casa estaban en flor. Ese cuadro en que la vida se codeaba con la muerte ha quedado en mi memoria.

(HÖSS, Rudolf: Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, pag. 143-145)

PREGUNTAS:

  1. Höss habla de “escenas conmovedoras” que no les podían dejar indiferentes. Sin embargo, ¿muestra en algún momento arrepentimiento o compasión hacia las víctimas en las anécdotas que cuenta?
  2. Höss hace referencia a que la mayoría de las víctimas “no sospechaba nada”, ¿Por qué crees que le preocupaba tanto este aspecto? ¿Se corresponde esta preocupación con su supuesto impacto por los acontecimientos vividos?
  3. En el incidente de la mujer joven que ayuda a los demás, se nos explica que al ir acompañada de dos niños fue seleccionada para el exterminio, aunque tenía aptitudes para trabajar, ¿por qué crees que se seleccionaba a madres y sus niños para las cámaras de gas, en lugar de separarlos?
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