COMANDANTE DE AUSCHWITZ: LOS CREMATORIOS

Posted on 18 mayo, 2012

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Desde las primeras incineraciones al aire libre se observó que el método, a la larga, no sería utilizable. Cuando hacía mal tiempo o demasiado viento, el olor se esparcía varios kilómetros a la redonda y toda la población de los alrededores empezaba a hablar de la incineración de judíos, pese a la propaganda del partido y de los órganos administrativos. Todos los SS que participaban en la acción de exterminio habían recibido la severa orden de guardar silencio. Sin embargo, cuando después las autoridades de las SS iniciaron ciertos sumarios, se descubrió que los acusados no habían respetado esta consigna de silencio. Ni siquiera las penas más severas podían impedir los rumores. Más tarde, la defensa antiaérea presentó una queja contra los fuegos nocturnos visibles desde lejos por los aviadores. Pero nosotros estábamos obligados a proseguir las incineraciones durante la noche, para evitar un atasco de convoyes. Había que mantener a toda costa el horario de las diversas “acciones” establecido de la manera más precisa durante una conferencia organizada por el Ministerio de Comunicaciones. De lo contrario, se podían haber producido atascos y desórdenes en las vías férreas interesadas; lo cual, por motivos también militares, había que evitar. Por esas razones se procedió de diversas maneras a una planificación acentuada que proponía la construcción de dos grandes crematorios y, en 1943, la incorporación de dos nuevas instalaciones menores. (…)

Los dos grandes crematorios I y II fueron construidos durante el invierno de 1942-1943 y puestos en funcionamiento en la primavera de 1943. Cada uno disponía de cinco hornos de tres entradas y podían incinerar en veinticuatro horas alrededor de dos mil cadáveres. Consideraciones de orden técnico –peligro de incendio- hacían imposible un aumento de esta capacidad. Los ensayos realizados en este sentido sólo dieron problemas, e incluso en varias ocasiones condujeron a la detención total de las incineraciones. Los dos crematorios, I y II, disponían de vestuarios subterráneos donde desnudarse y una cámara de gas que era posible ventilar. Los cadáveres eran llevados al crematorio en ascensor.

En cada una de las cámaras de gas había espacio para 3.000 hombres, pero nunca se alcanzaron esas cifras, pues los convoyes tampoco tenían esa capacidad.

Los crematorios III y IV, de dimensiones menos importantes, debían tener, según los cálculos de la empresa constructora Topf de Erfurt, capacidad para incinerar cada uno 1.500 cuerpos en veinticuatro horas. Debido a la escasez de materiales ocasionada por la guerra, la administración redujo las proporciones de estos crematorios. Por eso aquí los vestuarios y las cámaras de gas estaban sobre el nivel del suelo y los hornos eran más pequeños. Pronto se observó que los hornos –dos en cada una de las cuatro cámaras- no reunían las condiciones. Poco después se renunció al crematorio III. En cuanto al IV, hubo que suspender su utilización, pues después de un breve lapso –entre cuatro y seis semanas- los hornos o las chimeneas se quemaron. Se incineró, entonces, en las fosas preparadas detrás del crematorio. (…)

La cifra máxima de muertos e incinerados en veinticuatro horas apenas llegó a superar los nueve mil en todas las instalaciones, excepto en el Búnker III. Corría el verano de 1944, era el momento de la “acción” húngara. A causa de los retrasos en las comunicaciones ferroviarias, nos llegaban cinco trenes en veinticuatro horas en lugar de los tres esperados, y los convoyes eran más numerosos que de costumbre.

Los crematorios fueron instalados en el extremo de los dos grandes ejes del campo de Birkenau. Se trataba de evitar una mayor ampliación del campo, lo que habría complicado las medidas de seguridad. Por otra parte, se pretendía que los crematorios no estuvieran demasiado alejados del campo, porque así, una vez finalizado el exterminio, los vestuarios y las cámaras de gas podían ser utilizados como duchas.

Para no llamar la atención de los transeúntes sobre las instalaciones, se quiso rodear los edificios con setos o muros. Pero nada se pudo hacer por falta de material. Previsoramente, todos los lugares de exterminio fueron protegidos con empalizadas.

También se había proyectado construir una estación para tres vías férreas entre los sectores I y II del campo de Birkenau y prolongar las líneas hasta los crematorios III y IV, con el fin de proteger la descarga de los convoyes de la mirada de los curiosos. Pero este proyecto también fue abandonado por escasez de material.

Como el Reichführer buscaba siempre aumentar el número de reclusos empleados en la industria armamentística, Pohl tuvo que recurrir también a los judíos no aptos para el trabajo que pudiesen curarse en un plazo de seis semanas y ser declarados aptos. Hasta entonces, todos los judíos que ya no eran capaces de trabajar se cargaban en el convoy más próximo destinado a las cámaras de gas. Si se hallaban en la enfermería, los mataban con una inyección letal. La orden de Himmler parecía una broma, si se tienen en cuenta las condiciones que entonces reinaban en Auschwitz-Birkenau. Nos faltaba de todo: los medicamentos brillaban por su ausencia; los hombres aquejados por las enfermedades más graves apenas disponían de una cama. La alimentación era del todo insuficiente y el Ministerio de Alimentación reducía constantemente las raciones.

Nuestros reclamos no servían de nada: había que arreglárselas solos. Los resultados fueron que el campo soportaba una irremediable falta de espacio para los reclusos sanos, que el estado sanitario se deterioró rápidamente y las epidemias causaron estragos. La orden citada entrañó, casi de inmediato, un aumento de la mortandad y una notable “degradación” de las condiciones generales; sin embargo, no creo que haya proporcionado a la industria armamentística un solo judío curado y recuperado como apto para el trabajo.

(HÖSS, Rudolf: “La solución final del problema judío en el campo de concentración de Auschwitz”, en Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, pag. 190-193)

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué motivos llevaron a la construcción de crematorios para incinerar a las víctimas?
  2. ¿A qué llama Höss “acción húngara”?
  3. ¿Cuántas víctimas podía llegar a provocar el sistema de Auschwitz en un día? ¿y en un año?
  4. Höss no muestra en ningún momento la más mínima consideración hacia las víctimas, ni siquiera compasión, ni tampoco remordimientos. ¿En qué tono hace siempre referencia a los crematorios? ¿Cuál parece ser su principal preocupación?
  5. ¿Por qué motivo se empezó a llevar a los judíos a las enfermerías de los campos de concentración? ¿En qué condiciones funcionaban dichas enfermerías? ¿Cuál era el resultado?
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