COMANDANTE DE AUSCHWITZ: PROCESO DE EXTERMINIO

Posted on 19 mayo, 2012

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En Auchwitz, el proceso de exterminio de judíos se efectuaba de la manera siguiente:

Hombres y mujeres eran conducidos por separado a los crematorios de la manera más tranquila posible. En el vestuario donde se desnudaban, los reclusos del comando especial les explicaban, en su propia lengua, que se les había llevado hasta allí para ducharlos y desparasitarlos. Les invitaban a que ordenaran bien sus ropas y recordaran el lugar donde las habían dejado, para recogerlas a la salida. Los reclusos del comando eran los primeros interesados en que esta operación se realizase rápidamente, con calma y sin tropiezos. Tras haberse desnudado, los judíos entraban en la cámara de gas donde, efectivamente había duchas y cañerías de agua, lo que les daba el aspecto de una sala de baños. Primero entraban las mujeres con sus niños. Las seguían los hombres, siempre en minoría. Todo solía ocurrir en calma, porque los reclusos del comando especial hacían todo lo posible por disipar las inquietudes de los que sentían miedo o sospechaban algo. Por otra parte, esos detenidos y un SS permanecían siempre hasta el último momento en la cámara de gas.

Entonces se echaba rápidamente el cerrojo a la puerta y los enfermeros “desinfectadores”, ya preparados, dejaban entrar de inmediato el gas por agujeros practicados en el techo. Los recipientes que contenían el gas se arrojaban al suelo y los gases se expandían  rápidamente. Por el agujero de la cerradura de la puerta se podía ver que quienes se encontraban más cerca del recipiente caían muertos al instante. Se puede afirmar que, para un tercio del total, la muerte era inmediata. Los demás temblequeaban, se ponían a gritar cuando les faltaba el aire. Pero sus gritos pronto se transformaban en estertores y, en cuestión de minutos, todos caían estirados. Al cabo de veinte minutos a lo sumo, nadie se movía ya. El gas tardaba entre cinco y diez minutos en actuar; la duración dependía de las condiciones del tiempo –seco o húmedo, calor o frío-, de la composición del gas –que no era siempre la misma- y de cómo estaba formado el convoy –mayor o menor cantidad de sanos o enfermos, jóvenes o ancianos-. Las víctimas perdían el conocimiento al cabo de unos minutos, antes o después según la distancia que las separaba del recipiente. Los que gritaban, los viejos, los enfermos, los débiles y los niños caían antes que los sanos y jóvenes.

Una media hora después de introducir el gas, se abría la puerta y se ponía en funcionamiento el ventilador. Los cuerpos no exhibían marcas especiales: no había contorsiones ni cambio de color. Sólo cuando permanecían varias horas tendidos en el suelo dejaban el típico rastro de los cadáveres. Era muy raro encontrar excrementos. Tampoco había lesiones en los cuerpos, y los rostros no estaban crispados. A continuación, el comando especial se ocupaba de arrancar los dientes de oro y de cortar el cabello a las mujeres. Luego, los cuerpos eran subidos en ascensor a la planta baja, donde los hornos ya estaban encendidos. Según la dimensión de los cadáveres, se podía introducir en cada uno de ellos hasta tres a la vez. La duración de la incineración dependía también del tamaño de los cuerpos. Como ya he dicho, los crematorios I y II podían incinerar en veinticuatro horas alrededor de 2.000 cuerpos. Para evitar averías, no se debía superar dicha cifra. Las instalaciones III y IV debían quemar 1.500 cadáveres en veinticuatro horas, aunque creo que esta cifra jamás fue alcanzada.

Durante la incineración, que se producía sin pausa, las cenizas caían por los tubos. Reducidas a polvo, se las llevaba al Vístula en camiones; después, con palas, se las arrojaba al río donde de inmediato se disolvían y eran arrastradas por la corriente. El mismo método era aplicado a las cenizas procedentes de las fosas de incineración del Búnker II y del crematorio IV. El exterminio en los Búnkeres I y II se producía exactamente de la misma manera que en el crematorio. Pero ahí el factor tiempo se hacía notar con más fuerza.

(HÖSS, Rudolf: “La solución final del problema judío en el campo de concentración de Auschwitz”, en Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, pag. 199-201)

PREGUNTAS:

  1. ¿Por qué interesaba al comando especial que no se produjeran altercados en la fase previa al exterminio?
  2. ¿Por qué insiste constantemente Höss en qué no se producía ningún “sufrimiento” por parte de las víctimas durante su muerte?
  3. ¿Por qué se incineraba los cuerpos?
  4. Según las cifras dadas por Höss, ¿cuál era la capacidad del campo para incinerar cadáveres en un día?  ¿Cuál sería el resultado en un año? (Ten en cuenta que la cifra se podía aumentar utilizando fosas de incineración)
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