COMANDANTE DE AUSCHWITZ: ACTITUD DEL SONDERKOMMANDO

Posted on 20 mayo, 2012

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No menos extraña me parecía la conducta de los hombres de los Sonderkommandos. Ellos sabían perfectamente que, al término de aquella operación, sufrirían la misma suerte que los millares de hombres de su raza que habían ayudado a exterminar.

Los impulsaba un celo que me dejaba estupefacto. Nunca precavían a las víctimas; se mostraban diligentes en ayudarlas a desnudarse, pero no dudaban en recurrir a la fuerza cuando hallaban cierta resistencia. Hacían salir a los alborotadores y montaban guardia junto a quienes iban a ser ejecutados. Escoltaban a las víctimas de manera que éstas no podían ver al hombre que ya se preparaba para pegarles un tiro en la nuca. Empleaban el mismo método con enfermos e inválidos que no se podían llevar a la cámara de gas. Y todo con gran sencillez, como si estuvieran de acuerdo con sus asesinos.

Con igual indiferencia retiraban los cuerpos de las cámaras de gas, les arrancaban los dientes de oro, les cortaban el pelo y los arrastraban hasta la fosa común o a los hornos crematorios. Mantenían vivo el fuego en los montones de cadáveres, removiéndolos para que llegara el aire.

Todas esas tareas las ejecutaban con aire de total indiferencia, como si se tratara de algo absolutamente normal. Comían y fumaban mientras arrastraban los cadáveres. No renunciaban a sus comidas, ni siquiera cuando tenían que ejecutar el trabajo más horrible: incinerar los cuerpos que habían quedado amontonados durante un tiempo en las fosas comunes.

Varias veces ocurrió que hombres del comando especial encontraban a parientes suyos entre los cadáveres o entre aquellos a quienes conducían a las cámaras de gas. Eso les afectaba visiblemente, aunque no daba lugar a ningún incidente.

Fui testigo presencial de uno de estos casos. Al sacar un cadáver de la cámara de gas, un hombre del comando especial hizo un gesto de sorpresa y se quedó petrificado; pero enseguida alcanzó a sus camaradas arrastrando el cadáver. Pregunté de inmediato al Kapo qué había pasado y descubrí que el judío había descubierto a su mujer entre los cadáveres. Me quedé un buen rato observándolo, sin notar en él nada raro; él continuaba arrastrando sus cadáveres. Cuando más tarde volví cerca del comando, lo vi comiendo con sus compañeros, como si tal cosa. ¿Había logrado dominar su emoción o en verdad se había vuelto indiferente a una tragedia como aquélla?

Siempre me he preguntado cómo hacían esos judíos del Sonderkommando para hallar en su interior la fuerza necesaria para cumplir día y noche su horrible faena. ¿Esperaban que un milagro los salvara, estando ya a las puertas de la muerte? ¿O se habían vuelto demasiado cobardes, demasiado inhumanos, después de haber visto tantos horrores, para poner fin a sus días y escapar a tan atroz existencia? Por mucho que lo piense, nunca logro encontrar una explicación a su conducta.”

(HÖSS, Rudolf: Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, pag. 146-147)

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué tareas tenían que realizar los miembros de los Sonderkommandos? ¿Por qué crees que se les asignaba a ellos esa labor y no a soldados alemanes?
  2. Fíjate como la intención de Höss parece ser la de mostrarnos la propia crueldad de los miembros de los Sondekommandos, debido a la aparente indiferencia y presteza con la que ejecutan sus tareas. Sin embargo, Höss se olvida de mencionar porqué realizaban ellos esa labor. ¿Quién ordenaba a los sonderkommandos las tareas qué debían hacer y cuándo debían actuar?
  3. Höss cataloga de “tragedia” el hecho de que los miembros del Sonderkommando tuvieran que transportar e incinerar los cadáveres de los miembros de su propia familia. Pero vuelve a olvidar al autor de las ejecuciones, ¿quién era responsable de esas muertes? ¿Por qué se mostraban aparentemente indiferentes los miembros de los sonderkommandos? Piensa en las condiciones habituales del campo de concentración.
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