COMANDANTE DE AUSCHWITZ: MÁXIMA AUTORIDAD

Posted on 29 mayo, 2012

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En el momento en que la inspección general iba a proceder a la organización del nuevo campo de Auschwitz, Loritz no tardó en proponer mi candidatura como comandante; así se libraría de mí y podría buscar un Schutzhaflagerführer para su campo más acorde con sus ideas: Suhren, futuro comandante de Ravensbrück y ex ayudante general de Loritz en las SS.

Así fue como, de manera tan inesperada, me convertí en el comandante del nuevo campo de “cuarentena” que pronto sería construido en Auschwitz.

El campo estaba muy lejos, en algún lugar de Polonia. Un extenso dominio se abría para el cuerpo de Inspectores de Campos de Concentración, que tendría allí total libertad de acción.

Por mi parte, no estaba en mis cálculos acceder con tal prontitud al puesto de comandante. De hecho, había algunos Schutzhaflagerführer veteranos que esperaban desde hacía tiempo un ascenso como ése. La tarea que me incumbía de ahora en adelante no era nada fácil; se trataba de transformar, en el plazo más breve posible, un campo de edificios bastante bien construidos pero completamente deteriorados, carcomidos por la miseria, en un conjunto susceptible de albergar, pasajera o permanentemente, a 10.000 presos. La higiene brillaba por su ausencia. Antes de abandonar Oranienburgo, me habían dicho que no esperara recibir mucha ayuda y que más bien tendría que arreglármelas yo solo. (…)

Enseguida comprendí que, para hacer de Auschwitz algo medianamente utilizable, debía contar con el arduo e incansable trabajo de todos, desde el comandante hasta el último recluso.

Si quería implicarlos a todos en semejante tarea, tendría que romper con métodos y costumbres considerados tradicionales en los campos de concentración. Si quería exigir el máximo esfuerzo de mis hombres y colaboradores, debía dar ejemplo.

Comencé mis tareas en Auschwitz inspirándome en estos conceptos. Me levantaba a la misma hora que los SS y me ponía en marcha antes de que éstos comenzaran su servicio. No terminaba mi trabajo hasta entrada la noche, y no pasaba una noche sin que me despertaran los telefonazos anunciándome tal o cual incidente.

Por otra parte, para obtener rendimiento de los presos era indispensable tratarlos mejor. Abrigaba la esperanza de lograr para ellos un mejor lecho y una mejor alimentación. Debía eliminar todos los defectos organizativos que había observado en otros campos de concentración; si lo lograba, podría exigir a los reclusos participación voluntaria y máximo esfuerzo en el trabajo de reconstrucción.

Desde los primeros meses, o más exactamente desde las primeras semanas, caí en la cuenta de que debía desengañarme. La mejor voluntad, las intenciones más firmes se romperían inexorablemente debido a las flaquezas humanas y la obstinación de la mayoría de los oficiales y hombres puestos bajo mis órdenes. No escatimaba ningún medio para convencer a mis colaboradores de lo bien fundado de mis intenciones y explicarles que la única manera de cumplir nuestra tarea era la de ponerse manos a la obra todos juntos.

De nada servirían todos mis esfuerzos. Los “veteranos”, formados durante años por Eicke, Koch y Loritz, habían asimilado sus métodos de tal manera, que ni con la mejor voluntad del mundo habrían podido renunciar a los procedimientos a los que se habían habituado en los otros campos de concentración. En cuanto a los novatos, aprendían muy rápidamente con los veteranos, aunque el aprendizaje no fuera de los mejores.

 (…)

Así fue como todo el engranaje de la organización interna del campo se volvió defectuoso. Desde el comienzo, los hombres fueron formados de acuerdo con principios cuya nefasta influencia se manifestaría luego de manera estrepitosa.

Quizás habría sido posible manejarlos si mis dos colaboradores inmediatos, el Schutzhaflagerführer y el Rapportführer, se hubieran sometido a mi voluntad, dejándose impregnar de mis ideas. Pero ni podían ni lo deseaban por su estrechez de miras, su obstinación, su crueldad y, ante todo, por su deseo de ahorrarse inútiles complicaciones; todo ello constituía un obstáculo infranqueable. Los individuos elegidos como hombres de confianza eran exactamente de la calaña que más convenía a sus propósitos.

En todo campo de concentración, el Schutzhaflagerführer es el verdadero amo. Puede que el comandante deje su impronta sobre la organización teórica de la vida de los presos; él da las órdenes y, en definitiva, es el responsable de todo. Pero el poder efectivo pertenece al Schutzhaflagerführer, o incluso al Rapportführer, siempre y cuando éste sea más voluntarioso e inteligente que su inmediato superior. Por más que el comandante imparta las órdenes destinadas a organizar la vida de los reclusos, la manera en que se ejecutan sus órdenes depende de esos otros dos hombres; en este sentido, el comandante está enteramente a merced de su buena voluntad y comprensión. Y, si no confía en ellos o los considera incompetentes, sólo puede asegurarse de que sus órdenes son ejecutadas poniéndolas él mismo en práctica.

 (…)

De manera que no tenía posibilidad alguna de supervisar la ejecución de mis órdenes hasta el último detalle sin asumir yo mismo las tareas de otro y abandonar lo esencial de mi propia tarea: crear, lo antes posible, un campo medianamente utilizable.

(…)

Obsesionado por mi trabajo, no quería dejarme vencer por las dificultades: era demasiado ambicioso para eso. Cada nuevo obstáculo no hacía sino estimular mi afán.

Es de suponer que la multitud y variedad de mis tareas me dejaban poco tiempo para ocuparme personalmente de los presos. Me veía obligado a confiar esta actividad a subalternos tan poco recomendables como Fritzsch, Meier, Seidler y Palitzsche, los cuales sabia que no administrarían el campo conforme a mis ideas e intenciones.

Pero yo no podía estar en todo. Se me imponía una elección: o me ocupaba sólo de los presos o dedicaba toda la energía posible a la reconstrucción y el ensanche del campo. En ambos casos había que consagrarse por entero, sin posibles términos medios. Ahora bien: la construcción y el ensanche del campo eran mi labor esencial (…)

Glücks me acusaba de querer hacerlo todo yo solo, sin dejar trabajar a mis subordinados. Según él, debía tomarlos tal como eran y resignarme a su incompetencia e ineficacia.

(…)

Debido al ambiente de desconfianza general que reinaba en Auschwitz, yo mismo me acabé transformado en otro hombre.

(…)

Me volví desconfiado; en todas partes veía el deseo de abusar de mí y sospechaba lo peor.

(…)

Rehuía todo contacto con los camaradas. (…)

Hasta quienes apenas me conocían se compadecían de mí. Pero yo ya no quería cambiar: mi desilusión me había convertido en un ser insociable.

(HÖSS, Rudolf: Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, 2009, pag.96 a 104)

PREGUNTAS:

  1. Según Höss, ¿por qué fue nombrado comandante de Auschwitz? Al mostrarse como rival de Loritz, ¿qué es lo que trata de recalcar?
  2. ¿Puedes imaginar otros motivos por los que Höss, un oficial SS no demasiado importante, pudo ser nombrado para comandar uno de los principales proyectos del III Reich? Fíjate por ejemplo en sus características o “virtudes” como oficial SS tal y como él nos las cuenta referidas a su mando en Auschwitz.
  3. Desde el comienzo, ¿cuál afirma Höss que era su intención en Auschwitz?
  4. Sin embargo, ¿por qué no pudo según él, llevar a la práctica sus proyectos? ¿Crees que se tratan de causas reales o es una mera justificación?
  5. El propio Höss nos explica que tuvo que tomar una decisión sobre sus prioridades en el campo, ¿qué decisión toma? ¿qué consecuencias tendría?
  6. Höss, trata de hacernos creer que más que verdugo, él fue también “víctima” de la situación. ¿En qué consiste esa actitud victimista de Höss? ¿Crees que es cierta o una mera excusa para justificar su actitud?
  7. Höss es descrito por los supervivientes como un hombre frío y calculador, desapasionado, amante del orden y la disciplina, un burócrata tenaz y obediente en extremo a sus superiores, capaz de ordenar ejecuciones en masa sin pestañear si con ello puede acelerar la consecución de sus objetivos. ¿Se corresponde esta descripción con la visión que él nos da de su labor?
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