COMANDANTE DE AUSCHWITZ: OBEDIENCIA CIEGA

Posted on 30 mayo, 2012

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Sería un error imaginar que la participación en ese exterminio, con todo lo que implica, haya sido aceptada como un hecho común cualquiera. Salvo muy contadas excepciones, todos los que tomaron parte en él, y yo antes que nadie, recibieron impresiones imborrables y amplia materia de reflexión.

Durante mis rondas de inspección, la mayoría de los participantes me buscaban para confiarme sus angustias y abrigaban la esperanza de que los calmara. En el curso de nuestras conversaciones con el corazón en un puño, siempre me hacían la misma pregunta: “¿Seguro que es necesario aniquilar a centenares de miles de mujeres y niños?” En mi fuero interno, no dejaba de hacerme esa pregunta.

Para tranquilizarlos y consolarlos, sólo se me ocurría una respuesta: invocar las órdenes del Führer. Estaba obligado a decirles que el exterminio de la judería era necesario para liberar de una vez por todas a Alemania y a la posteridad de nuestros enemigos más encarnizados.

Sabíamos que las órdenes del Führer eran incontestables sin excepción, y que los SS estaban obligados a ejecutarlas. Sin embargo, en el alma de todos se alzaban las dudas. Para transmitirles la fuerza moral que les permitiera cumplir su deber, debía mostrarme totalmente convencido de la necesidad de ejecutar tan crueles órdenes.

Todas las miradas estaban fijas en mí. Todo el mundo me observaba atentamente para ver cómo reaccionaba ante escenas semejantes a las aquí descritas. Cada una de mis palabras era largamente discutida por los hombres. Debía controlarme para no dejar escapar, en un momento de turbación, una frase que expresara mis dudas y mis angustias.

Me veía obligado a exhibir un aire frío e implacable cuando asistía a escenas que trastornarían a cualquier ser humano. No me estaba permitido apartar la vista aunque la emoción se apoderara de mí. Debía mostrar indiferencia mientras las madres entraban en las cámaras de gas con sus hijos de la mano, que reían o lloraban.

(…)

Mis funciones me obligaban a asistir al desarrollo de la operación. Debía permanecer allí de noche y de día mientras sacaban los cadáveres, los incineraban, les arrancaban lo dientes de oro o les cortaban el pelo.

Esos horrores duraban horas, pero yo no podía alejarme, ni cuando cavaban los osarios, que despedían un olor espantoso, ni cuando quemaban los cadáveres. A petición de los médicos, también me tocó observar cómo morían las víctimas a través de los tragaluces de la cámara de gas.

No podía escapar a nada de eso porque era yo aquel a quien todos miraban. Debía mostrar al mundo que, no contento con dar órdenes, asistía a las operaciones en todas sus fases, como yo lo exigía también a mis subordinados.

Invitados por Himmler, numerosos miembros superiores del partido y oficiales de las SS venían a Auschwitz para asistir al exterminio de los judíos. Todos se sentían profundamente impresionados. Algunos de ellos, que antes habían defendido con fervor el exterminio, se espantaron y se encerraron en el más absoluto silencio tras asistir a esa “solución final del problema judío”. Siempre me preguntaban cómo hacíamos, mis hombres y yo, para soportar tanto tiempo ese espectáculo.

Por mi parte, siempre respondía que debía callar todas mis emociones, pues me hallaba ante el terrible dilema de ejecutar, sin miramientos, las órdenes del Führer. Y todos esos señores me decían que no querrían hacerse cargo de semejante tarea. Ni siquiera los más “duros”, como Mildner y Eichmann, experimentaban el menor deseo de cambiar su puesto por el mío. Nadie me envidiaba por la tarea que me habían encomendado.

(HÖSS, Rudolf: Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, 2009, pag. 147-150)

PREGUNTAS:

  1. Höss trata en todo momento de justificarse alegando que debía obedecer órdenes, y que por lo tanto, el no fue más que un mero ejecutor; las órdenes venían de arriba. Haz una relación de todas las veces que en el texto Höss hace referencia a su obligación de “obedecer”, al “deber” o “yo debía…”.
  2. ¿Por qué los demás miembros del partido no querían implicarse directamente en la labor desarrollada por Höss?
  3. Fíjate que Höss muestra su trabajo y dedicación no como un “trabajo sucio” sino como una labor meritoria y difícil que nadie quiere asumir. ¿Se muestra Höss arrepentido y abrumado por esa labor que desarrolló, o más bien orgulloso y satisfecho con su dedicación y grado de cumplimiento de las órdenes?
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