COMANDANTE DE AUSCHWITZ: EICHMANN. NO HAY TIEMPO PARA ABURRIRSE

Posted on 31 mayo, 2012

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Adolf Eichmann en Alemania, 1940. Fuente: USHMMTuve varias oportunidades de hablar largo y tendido con Eichmann sobre la solución definitiva del problema judío hasta en sus pormenores. Nunca le hablé de mis angustias personales, sino más bien traté de descubrir las íntimas y verdaderas convicciones de mi interlocutor.

Para llegar a eso, no podía titubear ante ningún medio. Pero, ni los tragos más fuertes ni la ausencia de todo testigo indiscreto le hacían desdecirse de su punto de vista: con demente obstinación, preconizaba el aniquilamiento de todos los judíos a los que se pudiera echar mano. Había que proseguir el exterminio, decía, con toda la rapidez posible y sin piedad alguna. Tener la menor consideración significaba lamentarlo, después, con amargura.

En tales circunstancias, sólo me quedaba enterrar los escrúpulos de mi corazón. Y, debo confesar que, después de una conversación con Eichmann, esos escrúpulos, al fin y al cabo tan humanos, adoptaban en mi interior el aspecto de una traición al Führer.

No tenía manera de escapar a ese problema; debía proseguir mi tarea, asistir al exterminio y la matanza, reprimir mis sentimientos y mostrar una indiferencia glacial. Sin embargo, no lograba apartar de mi mente ni esos detalles insignificantes que otros habrían olvidado. En Auschwitz, no había tiempo para aburrirse.

(HÖSS, Rudolf: Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, 2009, pag. 150)

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