DOCTORES DEL INFIERNO: EXPERIMENTOS CON MALARIA

Posted on 18 junio, 2012

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Más de 1084 reos de diversas nacionalidades, incluidos sacerdotes católicos, fueron sometidos a experimentos en torno a la malaria (pruebas de inmunización y tratamiento diversos). Estos experimentos tuvieron lugar en el campo de concentración de Dachau entre febrero de 1942 y abril de 1945, aproximadamente, y concluyeron justo antes de la rendición de Alemania, el 8 de mayo de 1945.

Se infectaba premeditadamente con malaria a reclusos a los que se consideraba sanos, sirviéndose de mosquitos infectados o mediante inyección de sangre infectada de malaria. Para mantener una provisión constante de sangre infectada, todos los meses se contagiaba artificialmente de malaria a entre tres y cinco reclusos, de modo que su sangre pudiera usarse para infectar a otros.

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Los imputados Karl Brandt, Handloser, Rostock, Gebhardt, Blome, Rudolf Brandt, Mrugowsky, Poppendick y Sievers fueron acusados de responsabilidad especial y participación en conducta criminal debido a estos experimentos, pero sólo Sievers fue condenado en este juicio. Sievers negó haber tomado parte en experimentos con malaria.

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En Dachau, un tribunal militar estadounidense nombrado el 2 de noviembre de 1945, enjuició a cuarenta médicos y asistentes en el caso de los Estados Unidos contra Martin Gottfried Weiss, Friedrich Wilhelm Ruppert, et al. Entre los imputados se hallaba el doctor Claus Karl Schilling. (…)

Schilling fue el principal responsable de los experimentos llevados a cabo en Dachau, dado que estuvo perfectamente dispuesto a utilizar los métodos de experimentación nazis sirviéndose de reos del campo en una época en la que otros médicos y científicos alemanes se negaron a tomar parte en ellos o huyeron del país. Schilling creía que era su deber humanitario encontrar una cura para la malaria, al margen de que sus métodos amenazaran la vida de reclusos del campo sometidos a experimentación contra su voluntad.

Antes del juicio, el 30 de octubre de 1945, el doctor Schilling efectuó, de su puño y letra, una declaración jurada ante el subteniente Werner Conn. Esta declaración se admitió como indicio probatorio con el número 122 de las pruebas de la acusación. Schilling afirmaba haber inoculado personalmente  a entre novecientos y mil prisioneros. (…)

Muchos de los internos infectados con malaria murieron de tuberculosis, disentería y tifus. Según su declaración, Schilling asistió a la autopsia de una de las víctimas y solicitó el cerebro, el hígado, el riñón, el bazo y un trozo del estómago.ç

En el juicio de Dachau, un sacerdote católico preso, el padre Koch, declaró que primero le hicieron radiografías y posteriormente lo enviaron a la sala de malaria. Metido en un cuartito, tuvo que sostener una caja de mosquitos durante media hora todos los días por espacio de una semana. Cada tarde le ponían otra caja de mosquitos entre las piernas mientras estaba en la cama. Todas las mañanas le tomaban una muestra de sangre de la oreja.

El padre Koch salió del hospital pasados diecisiete días. Ocho meses después tuvo un ataque de malaria que volvió a manifestarse cada tres semanas durante seis meses. Sufría fiebre alta, escalofríos y dolores articulares. Se infectó asimismo a prisioneros polacos y rusos mediante inyecciones procedentes de los propios mosquitos o con extractos de glándulas mucosas de los mosquitos. La malaria fue la causa directa de treinta muertes, mientras que las complicaciones derivadas de ella ocasionaron entre trescientas y cuatrocientas muertes, un tercio de las 1200 víctimas sometidas a estos experimentos.

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Durante su juicio en Dachau, el doctor Schilling se defendió alegando que su labor formaba parte de sus deberes; que quedó inacabada; y que el tribunal de Dachau debía hacer lo que pudiera por ayudarlo a concluir sus experimentos en beneficio de la ciencia.

(SPITZ, Vivien: Doctores del Infierno, Tempus, 2009, pags. 147 a 156)

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