DOCTORES DEL INFIERNO: EXPERIMENTOS CON TRASPLANTES Y REGENERACIÓN DE TEJIDOS

Posted on 19 junio, 2012

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Los experimentos relativos a la regeneración de huesos, músculos y tejido nervioso y el transplante de huesos se cuentan entre los más salvajes, sádicos e inhumanos. Se extraían secciones de hueso, se amputaban brazos (incluidos los omóplatos) y piernas a la altura de la cadera, y se extraía tejido nervioso y muscular a internos de los campos de concentración, y a continuación se intentaba transplantar esas partes del cuerpo a otras víctimas. Estos intentos causaban, por lo general, la muerte. Pero, para los que sobrevivieron, se tradujeron en mutilaciones e invalidez permanentes.

(…) Se practicaban incisiones en el lado exterior de la parte superior de la pierna y se extraía músculo. Luego se cerraba la herida y se colocaba una escayola. Pasada una semana se abría la herida y se extraía más músculo.

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La doctora Maczka declaró que el imputado Gebhardt supervisó tanto los experimentos con sulfanilamida como los relativos a huesos, músculos y nervios [en el campo de Ravensbrück]. Reconoció que ni a un solo sujeto se le perdonó la vida tras estos experimentos. Los testimonios posteriores pusieron de manifiesto que la doctora Oberheuser descuidó por completo los deberes de atención básica y que su trato a los pacientes fue cruel y abusivo.

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La doctora Zdenka Nedvedova-Nejedla, una reclusa originaria de Praga, llegó a Ravensbrück en un transporte procedente de Auschwitz el 19 de agosto de 1943 y trabajó allí hasta mayo de 1945. En su declaración relativa a los experimentos quirúrgicos realizados con sus compañeras de reclusión, afirmó: Todas las mujeres con las que se llevaron a acabo experimentos quirúrgicos, se colocaban en un mismo pabellón, y se las conocía generalmente como “cobayas”.

Supo por el personal de enfermería que se inyectaban en las heridas cultivos de estreptococo, estafilococo, tétanos y flemón gaseoso para producir osteomielitis (inflamación del hueso) con fines experimentales.

Se extraían partes de los huesos de las piernas de hasta cinco centímetros de largo. A las víctimas se las mataba inmediatamente después de la operación mediante una inyección de Evipan.

Los brazos y las piernas amputadas se envolvían en gasa estéril y se llevaban al hospital de las SS que había en las proximidades para intentar implantarlos a soldados alemanes heridos.

Los únicos enfermeros que tenían acceso a las reclusas operadas eran los de las SS. Las reclusas permanecían toda la noche tumbadas, con dolores agudos, porque estaba prohibido administrarles calmantes. Once murieron o fueron asesinadas y setenta y una quedaron inválidas de por vida.

Los imputados Gebhardt, Oberheuser y Fischer fueron hallados culpables de conducta criminal por su responsabilidad en la puesta en práctica de estos experimentos.

(SPITZ, Vivien: Doctores del Infierno, Tempus, 2009, pags. 159 a 176)

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