SONDERKOMMANDO: DEPORTACIÓN DESDE ATENAS

Posted on 3 julio, 2012

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Aquel día los alemanes nos hicieron salir al patio. Estaba lleno de gente. Nos dijeron que intentáramos encontrar a personas de nuestra familia y que permaneciéramos agrupados con los nuestros para que, al llegar al destino, pudieran atribuirnos una casa en función del tamaño de la familia. Buscando un poco, pude encontrar a mi madre y a mis tres hermanas. También mis primos encontraron a sus padres, a su hermano menor, Samy, y a la mujer de Yakob. El hecho de estar juntos nos tranquilizaba. Intentábamos convencernos de que los alemanes decían la verdad y de que recibiríamos la casa. Sin duda sería necesario trabajar duro, pero al menos podríamos estar juntos. Era lo principal.

(…)

Los alemanes fueron muy listos agrupándonos con nuestras familias. Cuando se está solo, la idea de evadirse en más tentadora. Pero ¿cómo decidirse a abandonar a los padres o los hijos…? Sin embargo, algunos consiguieron huir, casi por casualidad. En el camino entre la prisión y la estación de mercancías, los camiones que nos transportaban iban en filas. Un guardia alemán estaba sentado junto al conductor y vigilaba a los pasajeros del camión que le precedía. Uno de aquellos camiones se averió y, por lo tanto, de hecho, el que le precedía quedó sin nadie para vigilar la parte de atrás. Cinco o seis muchachos saltaron y se escaparon, pero los alemanes se hicieron de nuevo, muy pronto, con la situación.

Finalmente llegamos al andén donde nos aguardaban los vagones para ganado. Nos empujaron con brutalidad hacia el interior de los vagones. Dentro no había nada, sólo las tablas del suelo, un gran bidón vacío en medio y otro más pequeño con agua. En una esquina, vi tres cajas de pasas y zanahorias. El espacio era muy limitado y, cuando todo el mundo hubo entrado en el vagón, vimos que sería imposible tenderse y que sería necesario, en el mejor de los casos, permanecer sentados todo el viaje. Yo me coloqué de inmediato en un rincón cerca de la ventana.

Comenzaban a llegar los obreros a las proximidades de la estación para trabajar. Por eso los alemanes quisieron apresurarse y no llamar demasiado la atención. Mirando por la ventana, vi a un oficial de la SS enfrentándose con unas personas que parecían de la Cruz Roja. Pensé que estaban allí porque querían liberarnos. En realidad, sólo querían distribuir víveres para el viaje. A mi entender, conocían nuestro destino final, pues no se habrían molestado por un trayecto pequeño, ni siquiera en aquellas condiciones. Finalmente, se pusieron de acuerdo y el oficial de la SS aceptó que los camiones de la Cruz Roja siguieran el tren hasta que se detuviera a las afueras de la ciudad. Desde la ventana, podía ver los camiones que nos seguían a distancia. El tren se detuvo en plena campiña para que los empleados de la Cruz Roja pudieran distribuirnos paquetes con víveres y mantas.

(SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 43 a 45)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué los alemanes animaban a los detenidos a que se unieran con sus familias?

2. Analiza la escena de la Cruz Roja y explica qué implicaciones pueden extraerse sobre el grado de conocimiento que se tenía a nivel internacional sobre la existencia de los campos de concentración.

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