SONDERKOMMANDO: TRANSPORTE E INTENTO DE EVASIÓN

Posted on 5 julio, 2012

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Debíamos de ser entre setenta y ochenta personas. Yo conocía a algunos de los deportados del vagón, que habían sido evacuados de Salónica al mismo tiempo que mi familia.

Desde Atenas, el tren tenía que pasar por Salónica, que era un nudo ferroviario importante en el norte. El tren se detuvo cerca de la estación para reavituallarse de carbón y agua. Me acerqué al tragaluz para ver si, por casualidad, veía a alguien conocido. Los soldados alemanes estaban apostados cada diez metros a lo largo del tren. La casualidad quiso que el ferroviario que verificaba los raíles fuera un muchacho al que yo conocía. Se llamaba Gyorgios Kaloudis, tenía cinco o seis años más que yo y había sido vecino mío cuando éramos niños. Su padre era un notorio comunista que trabajaba en los ferrocarriles. Había sido detenido por los alemanes en cuanto entraron en Salónica. Gyorgios había sustituido a su padre en los ferrocarriles. Su trabajo consistía en asegurarse de que los frenos no bloquearan las ruedas y ajustarlos con un largo mazo. Cuando me vio, pareció muy sorprendido y se acercó discretamente, fingiendo que trabajaba en mi vagón. Sin que los alemanes lo advirtieran, me dijo en griego: “¿Cómo es eso? ¡También tú estás aquí! Intenta huir a toda costa, porque en el lugar adonde os llevan matan a todo el mundo”. También me dijo que íbamos a Polonia. No pude hacerle más preguntas, pues los alemanes nos vigilaban.

Cuando el tren se puso en marcha de nuevo, les conté enseguida a mi hermano y a mis primos lo que Gyorgios acababa de decirme. Habíamos tardado dos días en ir de Atenas a Salónica y había que contar con otros dos antes de abandonar el territorio griego. Hasta entonces, habíamos creído tontamente que los resistentes griegos atacarían el tren, en campo abierto, para liberarnos e impedir las deportaciones. Nos habían prometido hacerlo cuando estábamos con ellos. Pero el comentario de Gyorgios me hizo comprender que de nada serviría esperar y era preciso intentar huir por nuestros medios. Pero aquello significaba dejar a nuestra familia… Mientras estuviéramos en territorio griego, la evasión era menos arriesgada, pues no hubiéramos tenido muchas dificultades para encontrar refugio entre los campesinos. Nos habrían ayudado como resistentes, sin saber que éramos judíos. Una vez en territorio yugoslavo, las cosas iban a ser más difíciles. Entonces, decidimos intentar la evasión aquella noche.

Éramos lo bastante delgados como para pasar por la ventana y escurrirnos a lo largo del tren en marcha. Era muy arriesgado, pues los alemanes montaban guardia en las torretas construidas sobre algunos vagones. Yo había advertido que un vagón de cada tres estaba ocupado por algunos miembros de la SS. Pero estábamos decididos. Mi hermano saltaría primero, luego yo. Y nos reuniríamos con nuestros primos, que iban a saltar después de nosotros. Mi hermano no tuvo tiempo de poner una pierna fuera. En el vagón, toda la gente había despertado ya y comenzó a gritar, a llorar. Estaban seguros de que íbamos a morir y que también a ellos los matarían por habernos dejado huir. El padre de Dario, Milton repetía sin cesar: “Saben cuántos somos, cuando el tren llegue a destino y vean que faltáis vosotros, nos matarán a todos”. De hecho, la cosa no cambió: todos murieron. ¿Pero quién podía saberlo? Viéndoles llorar, viendo a mi madre y a mis hermanas aterrorizadas y fuera de sí, nos convencimos de que no era justo dejarles solos e intentar salvarnos. Si no se hubieran dado cuenta, tal vez hubiéramos conseguido evadirnos y salvarnos. Por lo demás, lo intentamos otra vez, al día siguiente. Pero Milton no dormía y nos vigilaba para evitar que intentáramos huir. Fuimos retenidos de nuevo. Finalmente, salimos del territorio griego. Atravesamos Yugoslavia y luego Autria. En Viena, con el alambre de espino, perdimos definitivamente cualquier esperanza de libertad.

(SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 46-48)

PREGUNTAS:

1. En los transportes a Auchwitz, ¿qué finalidad tenía hacer viajar a las familias unidas?

2. ¿Conocía la población el destino que aguardaba a los transportes de judíos?

3. ¿Con qué medidas de seguridad contaba el transporte?

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