SONDERKOMMANDO: LA CUARENTENA. LA PRIMERA SOPA

Posted on 10 julio, 2012

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Cuando, finalmente, los alemanes nos hicieron salir de la Sauna, nos llevaron a un barracón que estaba enfrente. Estaba vacío por completo; no había camas ni nada. Nos metieron allí hasta el día siguiente, pues a aquellas horas estaba prohibido ir y venir por el campo. Permanecimos allí, sin poder dormir ni tendernos; como animales. Varios muchachos religiosos comenzaron a orar en un rincón. (…) A la mañana siguiente, a las nueve, unos guardas alemanes vinieron a buscarnos para llevarnos al sector BIIa, el de la cuarentena en el campamento de los hombres.

Nos indicaron un barracón, aproximadamente en medio de la cuarentena, y nos dijeron que entráramos. El Blockältester, un polaco no judío que resultó especialmente violento, nos aguardaba. Nos ordenó que nos pusiéramos cinco en cada “litera”. Me puse con mi hermano, mis dos primos y un amigo de Salónica. Hacia las once y media se distribuía la sopa. Era la primera vez que recibíamos comida desde los paquetes de la Cruz Roja. Pero para recibir la sopa era preciso tener una escudilla, y aquel maldito hombre no consideró necesario indicarnos dónde encontrarla. ¿Qué podíamos hacer? El que no tenía escudilla no recibía sopa y era reprendido con severidad. Nadie se preocupaba del hecho de que no hubiéramos comido desde hacía varios días.

Al llegar la noche por fin pudimos tragar algo. Nos repartieron una rebanada de pan negro con un pedazo de margarina (a veces, en vez de margarina, recibíamos un pedazo de lo ellos llamaban Blutwurst, una especie de salchichón). Lo tragué todo de un bocado, sin tomarme el trabajo de masticar, del hambre que tenía.

  (SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 60-61)

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