SONDERKOMMANDO: UN TRABAJO SUPLEMENTARIO

Posted on 13 julio, 2012

0



Viví otro episodio que me marcó durante mi paso por la cuarentena. Hacía sólo unos días que habíamos llegado. Un kapo vino a vernos y dijo que, si queríamos hacer un trabajo suplementario, no daría doble ración de sopa. Todos quisimos ir, pues el hambre era lo más fuerte. Me encontré entre las diez personas elegidas para llevar a cabo el trabajo en cuestión. En cambio, ni mi hermano ni mis primos formaban parte del grupo. Nos hizo coger una carreta como las que se utilizan para transportar el heno. Salvo que nosotros ocupábamos el lugar de los caballos para tirar de la carreta. Fuimos hasta un barracón que estaba a un extremo  de la cuarentena. Su nombre era Leichenkeller: habitación de los cadáveres. Cuando abrió la puerta, un hedor atroz se pegó a nuestra garganta: era la hediondez de cadáveres en descomposición.

Nunca antes había pasado ante aquel barracón y así supe que servía para almacenar los cadáveres de los detenidos muertos en la cuarentena. Un grupito de prisioneros pasaba todas las mañanas por los barracones para recoger los cadáveres  de los prisioneros muertos durante la noche. Eran almacenados en aquel barracón, antes de que los llevaran al Crematorio para incinerarlos. Los cadáveres podían permanecer allí, pudriéndose, durante quince o veinte días. Los que estaban al fondo se encontraban ya en un avanzado estado de descomposición, debido al calor. Si hubiera sabido que nuestro trabajo “suplementario” consistía en sacar aquellos cadáveres para llevarlos hasta los Crematorios, habría preferido morir de hambre antes que hacerlo. Pero cuando lo comprendí ya era demasiado tarde. Debía de haber de cien a ciento veinte cuerpos en la sala. Fue necesario hacer tres idas y venidas para transportarlos en la carreta.

Al llegar ante el portal del Crematorio III, el kapo tenía que llamar para que los hombres del Sonderkommando fueran a recoger la carreta de los cadáveres. Salvo ellos, ningún prisionero podía entrar ni salir vivo del Crematorio. Vaciaron pues personalmente la carreta antes de devolvérnosla.

(SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 67-68)

Anuncios