SONDERKOMMANDO: EL BUNKER 2

Posted on 24 julio, 2012

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¿Puede usted describir el Búnker 2 tal como lo vio?

Era una pequeña granja con el techo cubierto de paja. Nos ordenaron que nos colocáramos ante uno de los lados de la casita, cerca de la carretera que pasaba por delante. Desde donde estábamos, en teoría, no podía verse nada, ni a la izquierda ni a la derecha. Caía la tarde, los murmullos se habían convertido en el distinguible ruido de gente que venía en nuestra dirección. Yo, siempre algo curioso, me acerqué para intentar ver lo que ocurría. Vi familias enteras aguardando ante la choza: hombres jóvenes, mujeres, niños. Debía de haber doscientas o trescientas personas en total. Igonro de dónde procedían, pero supongo que habían sido deportados de un gueto polaco. Luego, cuando comprendí el funcionamiento del sistema de ejecución, pude deducir que aquella gente había sido enviada al Búnker 2 porque los demás Crematorios estaban llenos. Por eso, también, necesitaron mano de obra suplementaria para hacer el trabajo sucio.

¿La gente se desnudó delante de la puerta o en un barracón?

La gente era obligada a desnudarse allí, ante la puerta. Los niños lloraban. El miedo y la angustia eran palpables; aquella gente estaba realmente desamparada. Los alemanes les habían dicho, probablemente, que irían a la ducha y que luego les darían comida. Aunque hubieran comprendido la verdad, no podían hacer gran cosa, pues los alemanes hubieran ejecutado allí mismo a quien hubiese intentado algo. No tenían ya respeto alguno por la persona humana, pero sabían que al dejar juntas a las familias evitaban los actos desesperados.

Finalmente fueron obligados a entrar en la casita. La puerta se cerró. Cuando todo el mundo estuvo dentro, llegó una camioneta con el símbolo de la Cruz Roja en los costados. Un alemán, más bien alto, salió de ella. Se acercó a una pequeña abertura, arriba, en uno de los muros de la casita. Para alcanzarla, se vio obligado a subir en un taburete. Tomó una caja, la abrió y arrojó el contenido por la pequeña abertura. Luego cerró la abertura se marchó. Los gritos y los lloros, que no habían cesado, aumentaron instantes después. La cosa duró diez o doce minutos; luego, ni un ruido.

Por nuestra parte, nos ordenaron dirigirnos a la parte trasera de la casa. Yo había observado, al llegar, un extraño fulgor procedente de aquella dirección. Al acercarme, comprendí que la luz era la de un fuego que ardía en las fosas, a unos veinte metros de allí.

(…)

Los alemanes nos mandaron, pues, al otro lado de la casa, donde estaban las fosas. Nos ordenaron que sacáramos los cuerpos de la cámara de gas y los depositáramos ante las fosas. Pero yo no entré en la cámara de gas, me quedé allí, yendo y viniendo entre el Búnker y las fosas. Otros hombres del Sonderkommando, más expertos que nosotros, se encargaban de disponer los cuerpos en las fosas, procurando que le fuego no se apagara. Si los cuerpos estaban demasiado apretados, el aire no podía circular y el fuego corría el riesgo de apagarse o disminuir de intensidad. Aquello hubiera enfurecido a los kapos y a los alemanes que nos vigilaban. Las fosas eran en pendiente de modo que, al arder, los cuerpos desprendían grasa humana que corría a lo largo de la fosa hasta una esquina, donde se había formado una especie de cubeta para recogerla. Cuando el fuego amenazaba con apagarse, los hombres debían coger parte de aquella grasa en la cubeta y arrojarlas al fuego para reavivar las llamas, eso sólo lo vi en las fosas del Búnker 2.

(SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 75-78)

PREGUNTAS:

1. ¿Cómo conseguían los alemanes mantener la disciplina entre los condenados?

2. ¿Qué sistema de incineración se utilizó inicialmente en el Crematorio? ¿Qué inconvenientes crees que tenía este sistema?

3. ¿Para qué se utilizaba en este crematorio la grasa humana?

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