SONDERKOMMANDO: EN EL CREMATORIO DE BIRKENAU

Posted on 24 julio, 2012

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El primer día nos enviaron al Crematorio, pero permanecimos en el patio, sin entrar en el edificio. Por aquel entonces lo llamaban el Crematorio I, pues no se conocía la existencia del primer Crematorio que se encuentra en Auschwitz I. Había tres peldaños que llevaban al interior del edificio, pero en lugar de entrar el kapo nos hacía dar la vuelta. Un hombre del Sonderkommando vino a decirnos lo que debíamos hacer: arrancar las hierbas y limpiar un poco el terreno. Lo que estábamos haciendo era útil, pero supongo que los alemanes querían tenernos a mano a la espera de hacernos trabajar en el Crematorio. Al día siguiente, regresamos para hacer lo mismo.

Mi curiosidad natural me incitó a acercarme al edificio para intentar ver, por la ventana, lo que ocurría en el interior. Nos lo habían prohibido formalmente pero, paso a paso, me acerqué a la ventana. Cuando me encontré lo bastante cerca como para echar una ojeada, me quedé paralizado por lo que acababa de ver: cuerpos amontonados, unos sobre otros, se acumulaban allí. Se trataba de cadáveres de personas jóvenes. Regresé hacia mis compañeros y les conté lo que había visto. A su vez, fueron a mirar discretamente, sin que el kapo lo advirtiera. Regresaban con el rostro deshecho, incrédulos. No nos atrevíamos a pensar en lo que había podido ocurrir. Sólo más tarde comprendí que aquellos cadáveres eran el “excedente” de un convoy anterior. No habían podido ser quemados antes de la llegada del nuevo convoy y habían sido almacenados allí para dejar sitio en la cámara de gas.

(SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 73-74)

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