SONDERKOMMANDO: EN LA CÁMARA DE GAS

Posted on 27 julio, 2012

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Cada vez que llegaba un nuevo convoy, la gente entraba por el gran portal del Crematorio y era dirigida hacia la escalera subterránea que llevaba a la sala de desnudarse. Eran tan numerosos que veíamos la cola que se alargaba como una gran serpiente. Cuando entraban los primeros, los últimos estaban aún cien metros más atrás. Tras la selección en la rampa, las mujeres, los niños y los ancianos eran enviados primero, luego llegaban los hombres. En la sala de desnudarse había colgadores con números a lo largo de la pared, y también pequeñas tablas de madera en las que la gente podía sentarse para desnudarse. Para engañarlos mejor, los alemanes decían a la gente que se fijaran en los números para recuperar más fácilmente sus cosas al salir de la “ducha”. Tras algún tiempo, añadieron también a las instrucciones la de atar los zapatos por pares. En realidad se trataba de facilitar la selección cuando las cosas llegaban al Kanadakommando. Por lo general, las instrucciones las daba el SS de guardia, pero a veces un hombre del Sonderkommando que hablaba la lengua de los deportados les transmitía directamente las instrucciones. Para tranquilizar a la gente y asegurarse de que iban deprisa y no creaban problemas, los alemanes les prometían una comida después de la “desinfección”. Muchas mujeres se apresuraban para llegar primero ya acabar enseguida con todo aquello. Tanto más cuanto los niños, aterrorizados, permanecían apretujados junto a sus madres. Para ellos, más aún que para los demás, todo debía de ser extraño, inquietante, sombrío, frío.

Una vez desnudas, las mujeres entraban en la cámara de gas y esperaban, creyendo estar en una sala de duchas, con las alcachofas sobre su cabeza. No podían saber dónde se encontraban en realidad. A veces, una mujer, presa de la duda y al no ver que brotase el agua, iba a ver a uno de lo dos alemanes que estaban ante la puerta. Recibía de inmediato violentos golpes, obligándola a regresar a su lugar; se le pasaban las ganas de hacer preguntas.

Luego, finalmente, también los hombres eran empujados a la cámara de gas. Los alemanes pensaron que haciendo entrar, al final, una treintena de hombres fuertes, cuando la sala estaba llena ya, podrían empujar a los demás con su fuerza. En efecto, azuzados por los golpes que caían sobre ellos como animales, no tenían más solución que empujar con fuerza para entrar y evitar los golpes. Por ello, a mi entender, muchos morían o agonizaban antes incluso de que se introdujera el gas. El animal encargado de controlar todo el proceso se complacía, a menudo, haciendo sufrir algo más a aquella gente, a punto de morir. Aguardando la llegada del SS que debía introducir el gas, se divertía encendiendo y, luego, apagando la luz para asustarles un poco más. Cuando apagaba la luz, se escuchaba un ruido distinto saliendo de la cámara de gas; la gente parecía asfixiarse de angustia, comprendían que iban a morir. Luego volvía a encender la luz y se escuchaba una especie de suspiro de alivio, como si la gente creyera que la operación se había anulado. Luego, por fin, llegaba el alemán que traía el gas. Tomaba dos prisioneros del Sonderkommando para que le levantaran la trampilla desde el exterior, sobre la cámara de gas, luego introducía el Zyklon B por la abertura. La cubierta era de cemento muy pesado. El alemán nunca se hubiera tomado el trabajo de levantarla personalmente, teníamos que ser dos para ello. A veces yo, a veces otros. Nunca lo había dicho hasta hoy, pues me duele tener que admitir que debíamos levantar y volver a poner la tapa, una vez arrojado el gas. Pero así fue.

(…)

Una vez que había sido vertido el gas, la cosa duraba entre diez y doce minutos. Luego, finalmente, no se oía ya ruido alguno, ni alma viviente. Un alemán iba a comprobar que todo el mundo estuviera muerto mirando a través de una mirilla colocada en la gruesa puerta (en el interior, estaba protegida por barras de hierro para evitar que las víctimas intentaran romper el cristal). Cuando estaba seguro de que todo el mundo había muerto, abría la puerta y se marchaba enseguida, tras haber puesto en marcha la ventilación. Durante veinte minutos, se escuchaba un enorme zumbido, como una máquina que aspirara el aire. Luego, finalmente, podíamos entrar y comenzar a sacar los cadáveres de la cámara de gas. Un terrible olor acre invadía la estancia. No podía distinguirse lo que se debía al olor específico del gas y lo que procedía del olor de las personas y de las deposiciones humanas.

  (SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 85-89)

PREGUNTAS:

1. ¿Con qué sistemas o recursos se mantenía el orden entre los prisioneros que iban a ser ejecutados?

2. ¿Qué era el Kanadakommando? ¿Qué finalidad tenía?

3. ¿Cómo se mostraba la innecesaria crueldad de los guardias alemanes?

4. ¿Qué función tenía el Sonderkommando durante la ejecución?

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