SONDERKOMMANDO: REVUELTA

Posted on 9 agosto, 2012

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La idea de la revuelta ya existía mucho antes de que yo llegara al campo. Pudo sobrevivir a las distintas selecciones gracias a algunos kapos, como Lemke o Kaminski, que estaban allí dese hacía mucho tiempo y se habían hecho cargo de la organización de la revuelta. Kaminski era el jefe de los kapos de los Crematorios, pero era también el cerebro principal de la revuelta y un hombre al que respetaba todo el mundo. Él y algunos más lograron establecer contactos con el exterior y coordinar a un grupito de personas implicadas en la organización de la revuelta. Los contactos se producían, como ya he dicho, en el momento de recoger la sopa o en el campo de las mujeres, al que algunos hombres del Sonderkommando podían acceder excepcionalmente. Debían transmitir dinero que pasaba por varias manos antes de llegar a los resistentes, en el exterior del campo. Uno de los hombres que establecía esos contactos se llamaba Alter. Era un judío polaco muy alto y pretencioso, con quien me peleé una vez a causa de una gorra que no quería devolverle a un amigo mío. Sólo después supe por qué iba tan a menudo al campo de las mujeres y a la cocina. En realidad iba a recoger la pólvora explosiva que le procuraban algunas detenidas judías que trabajaban en la fábrica cercana al campo.

Yo era demasiado joven y hacía demasiado poco tiempo que había llegado para ser puesto al corriente de los preparativos. Sólo fui informado, como los demás hombres del Sonderkommando, en el último momento. No sospechaba nada. (…)

La víspera del día previsto para iniciar la revuelta (creo que era un viernes, pero otros dicen que era un sábado), fuimos avisados por nuestro kapo. La mayor parte de la revuelta debía producirse en el Crematorio II. Cada día, hacia las seis del a tarde, unos guardias de la SS pasaban ante el portal del Crematorio II para tomar posiciones en los miradores cerrados y pasar allí la noche. Caminaban libremente, sin apresurarse, con sus metralletas al hombro y, a veces, incluso les oíamos bromear. El plan preveía que, en el momento en que pasaran, unos hombres abrirían el portal y se arrojarían sobre ellos para matarlos y recuperar sus armas. Aquel instante daría la señal de la revuelta a los demás Crematorios.

Todo se había programado detalladamente. Por fin, se había decidido no tener en cuenta a los resistentes en el exterior del campo, pues se negaban a acordar una fecha. A mi entender, la revuelta fue iniciada entonces por el Sonderkommando porque parecía evidente que los últimos convoyes de Hungría estaban llegando y que, muy pronto, no quedaría ya nadie para gasear. Nos tocaría entonces el turno a nosotros. Había que jugarse el todo por el todo. Aunque la esperanza fuese vana, todos estábamos convencidos de que más valía actuar y que nos mataran, antes de morir sin haberlo intentado.

Lemke nos dijo que nos preparáramos, pero no empleó la palabra “revuelta”. Dijo sencillamente: “Prepárate, vamos a hacer algo para intentar salir de este lugar”. Puso entonces, a un lado, una chaqueta y un pantalón que me servirían cuando se produjera la fuga. (…)

Nuestra esperanza no era tanto sobrevivir como hacer algo, levantarnos, para no seguir así. Era evidente que algunos de nosotros se jugarían y perderían el pellejo. Pero, muriésemos o no, era necesario rebelarse. Nadie se preguntaba si la cosa funcionaría o no, ¡lo importante era hacer algo! La revuelta debía iniciarse a las seis de la tarde. Aquel día, hacia las dos, llegó a la rampa un convoy de deportados. Era muy numeroso. (…) Más tarde supimos que, en aquel momento, un oficial de la SS y dos suboficiales habían ido al Crematorio IV y habían llamado a doscientos hombres del Sonderkommando, por su número, ordenando que bajaran. Los hombres que se preparaban para la revuelta pensaron que los alemanes sospechaban algo y que querían eliminarlos antes de que estallara. Nadie aceptó bajar. (…)

Desde nuestro Crematorio, se divisaba una extraña humareda brotando del Crematorio IV. Pero estábamos demasiado lejos y sin medios de comunicación para comprender lo que allí ocurría. Un alemán hizo sonar la alarma y en poco tiempo nos encontramos bloqueados dentro del Crematorio. La situación era idéntica en el Crematorio II, salvo que, allí, muchos hombres intentaron huir. Desgraciadamente, no llegaron muy lejos.

(…); al día siguiente supimos lo que había pasado, pues los SS rodeaban nuestro Crematorio e impedían que nadie saliera. Llevaban uniformes militares y ametralladoras pesadas, como si fueran a la guerra. Lemke nos salvó la vida al ordenar que no nos moviéramos. En el Crematorio II, los que intentaron huir fueron abatidos. Si no se hubiera mostrado tan firme, probablemente algunos hubieran intentado forzar las puertas. Pero nos quedamos. (…) Permanecimos toda la noche sin movernos. No entraron.

Al día siguiente, los alemanes exigieron que salieran treinta personas para proseguir el trabajo que no estaba terminado en el Crematorio II. Decidí formar parte de aquel grupo de treinta personas, pues había perdido la esperanza de sobrevivir de otro modo. Los soldados seguían rodeando el Crematorio; era sólo cuestión de tiempo que se lanzaran al asalto si no salíamos. Contrariamente a lo que esperaba, no nos mataron allí mismo. Fuimos enviados al Crematorio II. Allí, dos o tres prisioneros que habían intentado huir aún estaban vivos y nos contaron lo que había ocurrido. En aquel momento no sabíamos que los demás, los que habían intentado huir, habían sido todos capturados y asesinados. Nos contaron lo que habían hecho con el tal Karol, el kapo criminal de derecho común alemán que, al parecer, había denunciado y revelado el proyecto de revuelta. Le golpearon y lo arrojaron al horno vestido, tal como iba.

Volvimos a trabajar para quemar los cuerpos que habían permanecido en la cámara de gas. Por la noche hubiera debido llegar el relevo para sustituirnos. Pero trabajamos treinta y seis horas seguidas sin que nadie se ocupara de ello. Finalmente, nos permitieron subir para descansar. En aquel momento fueron dispuestos en el patio del Crematorio los cuerpos de los prisioneros evadidos, antes de ser llevados a los hornos para ser quemados. Pero fueron otros detenidos quienes lo hicieron. No quisieron que fuéramos  los hombres del Sonderkommando los que quemaran los cadáveres de sus propios compañeros, temiendo que aquello produjera un segundo levantamiento. A continuación, los últimos hombres que se habían negado a abandonar el Crematorio III, al mismo tiempo que yo, fueron finalmente transferidos al II, donde se unieron a nosotros.

El Crematorio III no fue ya utilizado a partir de aquel momento y comenzó a ser desmantelado poco tiempo después de la revuelta. El Crematorio IV estaba ya fuera de uso, pues los hombres del Sonderkommando habían conseguido hacerlo estallar durante la revuelta. Estábamos a comienzos de octubre y sólo el II seguía funcionando. Pero ya no al mismo ritmo que antes. Los convoyes ya no llegaban con tanta regularidad.

(SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 135-141)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué se produjo el alzamiento en el Sonderkommando de Auschwitz?

2. Explica las circunstancias por las que fracasó

3. ¿Por qué no se produjeron más represalias contra los supervivientes del Sonderkommando?

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