SONDERKOMMANDO: EVACUACIÓN E INTENTO DE LIQUIDACIÓN DEL SONDERKOMMANDO

Posted on 11 agosto, 2012

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Por aquel entonces, los hombres que quedaban del Sonderkommando tuvieron que ir a dormir al campo de los hombres, en cuanto los trabajos de desmantelamiento llegaron al tejado del Crematorio. Volvimos pues al barracón aislado del campo de los hombres, donde habíamos pasado las primeras noches como Sonderkommandos. En el barracón apenas éramos dieciséis, no nos faltaba pues lugar para guardar nuestras cosas. Seguíamos teniendo formalmente prohibido ponernos en contacto con los demás prisioneros. En general, el SS nos llevaba hasta la entrada del sector del campo de los hombres y encargaba a uno de los nuestros que se asegurara de que nadie salía del barracón. Si, a pesar de todo, alguien salía, el hombre encargado de la vigilancia era también severamente castigado.

La noche del 17 de enero, excepcionalmente, el SS nos acompañó hasta el barracón y nos dijo que estaba absolutamente prohibido salir. Añadió incluso, como si no lo supiéramos: “¡Ay de quien lo intente!”. El hecho de que sintiera la necesidad de repetir algo evidente para todos nosotros, nos pareció sospechoso. Sobre todo porque, aquel día, al regresar al barracón, nos habíamos cruzado con numerosas filas de prisioneros que salían del campo, como si fueran a trabajar, aunque estuviera anocheciendo (debían de ser sobre las seis de la tarde). Por el camino, conseguí preguntar discretamente a alguien: “Was ist?”, “¿Qué ocurre?”. Me respondió, susurrando: “Evakuieren!”. No me costó comprender que si todo el mundo era evacuado, salvo el Sonderkommando, a quien le ordenaban, insistentemente, no moverse, era que tenían la intención de hacernos caer en la trampa, como ratones, y matarnos. Entramos en el barracón, pero apenas el alemán se hubo alejado, volvimos a salir para unirnos, discretamente, a los grupos que salían del campo… Se formaron varios grupos, de algunos miles de personas cada uno, pues era imposible enviar a todo el mundo al mismo lugar. Primero fuimos a Auschwitz I, para reunirnos allí con otros prisioneros dispuestos también a ser evacuados. La noche estaba ya muy avanzada. Me encontré con mi cuñado en Auschwitz I, así como con otras personas a las que conocía, como el primo de mi cuñado, Joseph Mano, y otros más. Cada cual recibió tres porciones de pan con un pequeño pedazo de margarina para el camino. Por temor a que me lo robaran, preferí tragarlos de inmediato y asegurarme de que, por lo menos, tenía eso en el estómago.

Era pleno invierno; fuera todo estaba helado o nevado. Hacía un frío brutal. Pero me sentía feliz al saber que iba a abandonar aquel lugar y, sobre todo, al haber podido escapar de la liquidación programada del Sonderkommando. De vez en cuando, durante la noche, pasaba entre los prisioneros un alemán y gritaba: “Wer hat im Sonderkommando gearbeitet?”, “¿Quién ha trabajado en el Sonderkommando?”. Naturalmente, nadie respondía. Más tarde, siguieron haciendo la pregunta regularmente, a lo largo de todo el camino, pues no tenían otro medio de encontrarnos. Aquella noche, la que precedió a lo que se ha llamado “la marcha de la muerte”, no dormí. No había espacio para todo el mundo y pasé la noche de pie, apretado contra los demás. Y tuve, aún, la suerte de conseguir entrar en un edificio, pues algunos pasaron la noche fuera.

(SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 146-148)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué crees que era necesario evacuar el campo de concentración con tanta prisa?

2. ¿Cuál debía ser el destino de los Sonderkommandos? ¿Cómo pudieron eludirlo? Piensa si tuvo algo que ver en su supervivencia la precipitación con la que se realizó la evacuación.

3. ¿Por qué no debía quedar con vida ningún miembro de los Sonderkommandos?

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