SONDERKOMMANDO: EBENSEE

Posted on 17 agosto, 2012

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¿Cuánto tiempo permaneció trabajando en Melk?

No lo sé exactamente, pero de la noche a la mañana nos transfirieron a otro subcampos de Mauthausen: Ebensee. Eligieron un grupo de doscientas o trescientas personas. Por suerte, el grupito que habíamos formado permaneció unido. El tren nos dejó al pie de una colina. El campo estaba en la cima. Los barracones se parecían a los de Birkenau, con literas superpuestas. Éramos tan numerosos que debíamos dormir dos en cada “litera”. Apenas podíamos movernos, tan estrecha era la cama. La mayor parte del tiempo ni siquiera sabíamos al lado de quién estábamos. Había ya muchos franceses en el barracón, por lo general no judíos, y también rusos. Me encontré en la cama con un ruso enfermo que tosía toda la noche. Ciertamente por esta razón caí yo también gravemente enfermo tras la liberación.

¿No hablaban entre ustedes?

Se hablaba lo mínimo pero, de todos modos, nadie tenía un especial deseo de hablar. Volvíamos al barracón tras una jornada de trabajo agotador, teníamos el cerebro vacío y nada que decirnos. Entre nosotros había también algunos intelectuales. Pero nosotros, la mano de obra, habíamos perdido ya la dignidad desde hacía mucho tiempo. Como en Melk, el trabajo consistía en excavar galerías en la montaña. Salvo que no excavábamos la tierra sino piedra, y que las galerías eran mucho más húmedas que en Melk. Quedábamos inmediatamente empapados, hiciéramos lo que hiciésemos. No había medio alguno de secarse. Regresábamos al campo y era preciso acostarse con nuestra ropa empapada aún, sin poder quitárnosla. Yo tuve la suerte de trabajar sólo unos diez días en aquellas canteras. A continuación, los norteamericanos bombardearon la estación de Ebensee y la prioridad fue, entonces, emplear a los prisioneros en la reconstrucción de las vías férreas.

 (SHLOMO VENEZIA: Sonderkommando, RBA, 2010, pag. 159)

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