SI ESTO ES UN HOMBRE: LA ENFERMERÍA (KRANKENBAU)

Posted on 15 septiembre, 2012

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Ka-Be es la abreviatura de Krankenbau, la enfermería. Son ocho barracones, en todo semejantes a los demás del campo, pero separados por una alambrada. Permanentemente hay en ellos una décima parte de la población del campo, pero son pocos los que están allí más de dos semanas y nadie más de dos meses: dentro de estos límites tenemos que morirnos o curarnos. Quien tiende a curarse, en el Ka-Be se cura; quien tiende a agravarse, de Ka-Be lo mandan a la cámara de gas.

Y eso porque, por fortuna, nosotros entramos en la categoría de los “judíos económicamente útiles”.

Hay dos Ambulatorios, el Médico y el Quirúrgico. Ante la puerta, en medio del viento y de la noche, hay dos largas filas de sombras. Hay quien sólo necesita un vendaje o algunas pastillas, los demás necesitan un reconocimiento; algunos llevan la muerte en la cara. (…)

Cuando me llega mi turno, logro soltarme milagrosamente los zapatos y los trapos sin perder ni unos ni otros, sin dejarme robar la escudilla ni los guantes y teniendo el gorro bien apretado entre las manos porque por ningún motivo puede llevarse puesto al entrar en los barracones.

(…)

Yo no necesito un reconocimiento a fondo: inmediatamente me declaran Arztvormelder, no sé lo que quiere decir pero éste no es sitio de pedir explicaciones. Me expulsan de allí, recupero los zapatos y vuelvo al barracón.

(…)

Después de la diana y del pan me han llamado con otros tres de mi barracón. Nos han llevado a una esquina de la plaza de la Lista, donde estaban, en una larga cola, todos los Arztvormerder de hoy; ha venido un tipo y me ha quitado la escudilla, la cuchara, el gorro y las manoplas. Los demás se han echado a reír, ¿no sabía que tenía que esconderlos o habérselos confiado a alguien, o mejor, venderlos, y que al Ka-Be no pueden llevarse? Después miran mi número y sacuden la cabeza: de quien tiene número tan alto puede esperarse cualquier tontería.

Luego nos han contado, nos han hecho desnudarnos fuera, al frío, nos han quitado los zapatos, nos han vuelto a contar, nos han afeitado la barba y el pelo y el vello, han vuelto a contarnos y nos han hecho ducharnos; después ha venido un SS, nos ha mirados desinteresadamente, se ha parado delante de uno que tenía un hidrocele muy abultado y lo hace ponerse a un lado. Después de lo cual han vuelto a contarnos y nos han llevado a darnos otra ducha por más que estuviésemos todavía empapados de la primera y algunos temblasen de fiebre.

Ahora estamos preparados para el reconocimiento definitivo. (…)

Este segundo reconocimiento médico es también extraordinariamente rápido: el médico (lleva el traje a rayas igual que nosotros pero con una bata blanca por encima, y el número cosido en la bata, y está mucho más gordo que nosotros) mira y palpa mi pie hinchado y sanguinolento, con lo que grito de dolor, y luego dice:

– Aufgenommen Block 23.

Me quedo con la boca abierta, en espera de cualquier otra indicación, pero alguien me empuja brutalmente hacia atrás, me arroja una capa sobre los hombros desnudos, me tiende unas sandalias y me echa al aire libre.

A un centenar de metros está el Block 23; encima está escrito SCHONUNGSBLOCK: ¿qué querrá decir? Dentro, me quitan la capa y las sandalias y una vez más me encuentro desnudo y el último en una cola de esqueletos desnudos: los hospitalizados de hoy.

Hace tiempo que he dejado de intentar entender. Por lo que a mí respecta estoy cansado de mantenerme sobre el pie herido que todavía no me han curado, tan hambriento y muerto de frío que nada me interesa ya. Éste puede ser muy bien el último día de mi vida, y esta sala la cámara de gas de que todos hablan, ¿qué puedo hacer? Lo mejor es apoyarme en la pared, cerrar los ojos y esperar.

(…)

El enfermero señala al otro mis costillas, como si fuese un cadáver en una sala anatómica: le indica mis párpados y mejillas hinchadas y mi cuello delgado, se curva y me aprieta con el índice sobre la tibia y hace observar al otro la profunda depresión que me deja el dedo en la carne pálida, como en la cera.

Quisiera no haberle dicho nunca nada al polaco: me parece que nunca, en toda mi vida, he sufrido una afrenta más atroz que ésta. El enfermero, mientras tanto, parece que ha terminado su demostración en su lengua, que no entiendo y que me suena terrible; se vuelve a mí y, en un cuasialemán, caritativamente, me hace un resumen:

Du Jude caput. Du schnell Krematorium fertig (tú, judío, ya estás listo, enseguida al crematorio)

(PRIMO LEVI: Si esto es un hombre, Círculo de Lectores, pag. 56-60)

PREGUNTAS:

1. Explica de qué modo el autor nos hace entender la indefensión que el prisionero siente ante las autoridades alemanas en el campo de concentración. ¿Qué papel tiene el idioma en la supervivencia en el lager?

2. Conocer las normas del campo y ser listo es fundamental. ¿En qué episodios se muestra la “ingenuidad” del protagonista? ¿Por qué su número es explicación de esta ingenuidad?

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