LA NOCHE: HOY TOCA SELECCIÓN

Posted on 8 octubre, 2012

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Los SS nos ofrecieron un buen regalo para el año nuevo.

Volvíamos del trabajo. Una vez franqueada la puerta del campo, sentimos algo anormal en el aire. El pase de lista duró menos que de costumbre. La sopa de la noche fue distribuida a todo correr y la tragamos enseguida, en medio de la angustia.

Yo ya no me encontraba en el mismo bloc que mi padre. Me habían trasladado a otro comando, el de la construcción donde, durante doce horas diarias, tenía que arrastrar pesados bloques de piedra. El jefe de mi nuevo bloc ere un judío alemán, de baja estatura y mirada aguda. Esa noche nos anunció que nadie podía abandonar el bloc después de la sopa de la noche. Y una palabra terrible circuló enseguida: selección.

Sabíamos lo que eso quería decir. Un SS iba a examinarnos. Cuando encontrara a uno débil, un “musulmán”, como lo llamábamos, anotaría su número: apto para el crematorio.

Después de la sopa, todos se reunieron entre las camas. Los veteranos decían:

– Ustedes tienen suerte de haber sido traídos aquí tan tarde. Ahora es un paraíso comparado con lo que era el campo hace dos años. En aquel entonces, Buna era un verdadero infierno. No había agua, ni mantas, y menos sopa ni pan. De noche, dormíamos casi desnudos y hacía treinta grados bajo cero. Todos los días se recogían cadáveres por centenares. El trabajo era muy duro. Actualmente es un pequeño paraíso. Los kapos habían recibido órdenes de matar cada día cierto número de presos. Y cada semana, la selección. Una selección implacable… Si, ustedes han tenido suerte.

– ¡Basta! ¡Cállense! –imploré-. Cuenten sus historias mañana, otro día.

Lanzaron una carcajada. No en vano eran veteranos.

– ¿Tienes miedo? Nosotros también teníamos miedo. Y había motivos para ello en el pasado.

Los ancianos permanecían en su rincón, mudos, inmóviles, abatidos. Algunos rezaban.

Una hora de espera. Dentro de una hora, íbamos a conocer el veredicto: la muerte o la prórroga.

¿Y mi padre? Sólo lo recordé entonces. ¿Cómo pasaría la selección? Había envejecido tanto…

Nuestro jefe de bloc estaba en los campos de concentración desde 1933. Ya había pasado por todos los mataderos, por todas las fábricas de muerte. Alrededor de las nueve, se plantó en medio de nosotros:

– ¡Achtung!

Enseguida se hizo el silencio.

– Escuchen bien lo que voy a decirles. (Por primera vez, sentía que le temblaba la voz.) Dentro de unos minutos comenzará la selección. Tendrán que desvestirse por completo. Luego pasarán uno tras otro ante los médicos SS. Espero que todos consigan librarse. Pero deben acrecentar por sí mismos sus posibilidades. Antes de entrar en el cuarto de al lado muévanse un poco para reavivar el color. No caminen despacio, ¡corran! ¡Corran como si tuvieran el diablo en los talones! No miren a los SS. ¡Corran derecho hacia delante!

Se interrumpió un momento y agregó:

– ¡Y, sobre todo, no tengan miedo!

Era un consejo que hubiéramos querido estar en condiciones de seguir.

Me desvestí, dejando mi ropa sobre la cama. Esa noche no había ningún peligro de que la hurtaran.

(…) Los detenidos del bloc estaban parados, desnudos, entre las camas. Es así como se ha de estar en el Juicio Final.

– ¡Ya llegan!…

Tres oficiales SS rodeaban al famoso doctor Mengele, el mismo que nos había recibido en Birkenau. El jefe de bloc nos preguntó, mientras trataba de sonreír:

– ¿Listos?

Sí, estábamos listos. Los médicos SS también. El doctor Mengele tenía una lista en la mano: nuestros números. Hizo una seña al jefe de bloc: “¡Pueden comenzar!”. Como si se tratara de un juego.

Los primeros en pasar fueron las “personalidades” del bloc, Stubenelteste, kapos, capataces, ¡todos en perfectas condiciones físicas, naturalmente! Luego fue el turno de los simples detenidos. El doctor Mengele los observaba de pies a cabeza. De vez en cuando anotaba un número. Un solo pensamiento me embargaba: no dejar que me tomaran el número, no dejar que vieran mi brazo izquierdo.

Delante de mí sólo estaban Tibi y Yossi. Pasaron y tuve tiempo de ver que Mengele no había anotado sus números. Alguien me empujó. Era mi turno. Corrí sin mirar hacia atrás. La cabeza me daba vueltas: “Eres demasiado flaco, eres débil, eres demasiado flaco, eres apto para la chimenea…”. La carrera me parecía interminable, me parecía estar corriendo desde hacía años…  “Eres demasiado flaco, demasiado débil…”. Al fin llegué, exhausto. Al recuperar el aliento, pregunté a Yossi y a Tibi:

– ¿Me anotaron?

– No –contestó Yossi. Y agregó sonriente-: De todos modos, no hubieran podido, corrías demasiado rápido…

Me reí. Era feliz. Hubiera querido besarlos. ¡En ese momento poco me importaban los demás! No me habían anotado.

Aquellos cuyo número había sido anotado estaban aparte, abandonados del mundo entero. Algunos lloraban en silencio.

(WIESEL, Elie: La Noche, pags. 81 a 85)

PREGUNTAS:

  1. ¿En qué consistía una selección? ¿Qué ocurría con los seleccionados?
  2. ¿Se aprecia algún tipo de “distinción social” o  diferencia entre los presos con respecto a la selección? ¿Por qué?
  3. ¿Por qué los presos tenían tan mal aspecto? ¿Cuáles eran los trucos que podían usar para disimular ese mal aspecto y no ser seleccionados?
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