DESDE AQUELLA OSCURIDAD: CONFUSIÓN ENTRE CAMPOS DE CONCENTRACIÓN Y DE EXTERMINIO

Posted on 3 noviembre, 2012

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Existen dos razones fundamentales para esta confusión persistente entre los dos tipos de instalaciones nazis. La primera es que el número de supervivientes de los campos de la muerte es asombrosamente reducido, y que los que sobrevivieron no son necesariamente elocuentes al respecto ni están muy interesados en relatar sus terribles experiencias. La otra –más sutil- es la reticencia universal a aceptar la realidad de que estos lugares existieron.

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Los campos de “concentración” se establecieron originalmente como servicios penitenciarios para lidiar con los que se resistieran al Nuevo Orden, y para eliminarlos, bajo una legalidad falaz, como “traidores” o “espías” en caso de que su “reeducación” resultara imposible. Desde 1941, la mayoría de estos campos se convirtieron en vastos mercados de trabajo esclavista, pero incluso entonces su severidad variaba enormemente, en buena medida dependiendo de la nacionalidad de los prisioneros recluidos en ellos. Aun así, incluso en los peores de estos campos, por terribles que fueran las condiciones, existía cierta posibilidad de sobrevivir.

Los campos de “exterminio” no brindaban esa posibilidad. Fueron creados con el único propósito de exterminar principalmente a los judíos de Europa, pero también a los gitanos. Hubo cuatro de estas instalaciones planificadas exclusivamente para el exterminio. La primera de ellas, que hizo las veces de terreno de pruebas, fue Chelmno (Kulmhof), establecida en diciembre de 1941. Más tarde, tras la conferencia de Wannsee de enero de 1942, que, bajo la presidencia de Reinhardt Heydrich, sancionó oficialmente la aprobación del programa de exterminio, se erigieron Belsec (marzo de 1942), Sobibor (mayo de 1942) y el mayor campo de todos, Treblinka (junio de 1942). Todos se disponían en un radio de trescientos kilómetros alrededor de Varsovia.

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Ninguno de los campos de exterminio existió durante más de diecisiete meses. Los SS los desmantelaron uno tras otro. Las estimaciones oficiales polacas –las más conservadoras y no aceptadas por todos- indican que aproximadamente dos millones de judíos y cincuenta y dos mil gitanos (los niños constituían al menos una tercera parte de la cifra) fueron asesinados en estos cuatro campos durante aquel periodo.

Los campos de concentración también contaban con camionetas de gas, cámaras de gas, crematorios y fosas comunes. En ellos también se ejecutaba a reos, se les aplicaban inyecciones letales, se los gaseaba y, aparte de ser asesinados, cientos de miles morían de fatiga, hambre o enfermedad. Pero –incluso en Birkenau, la sección de exterminio de Auschwitz, donde se cree que ochocientos sesenta mil judíos fueron asesinados- en todos ellos había cierta posibilidad de escapar con vida.

En los campos de exterminio, las únicas personas que tenían la posibilidad eran los lastimosamente pocos a los que se mantenía como “judíos de trabajo” para gestionar los campos. Ochenta y dos personas –ningún niño- sobrevivieron en los cuatro campos de la muerte nazis en Polonia.

(SERENY, Gitta: Desde aquella oscuridad. Conversaciones con el verdugo: Franz Stangl comandante de Treblinka, Edhasa, 2009, pag. 137 a 141)

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