DESDE AQUELLA OSCURIDAD: LOS POLACOS Y EL ANTISEMITISMO

Posted on 21 noviembre, 2012

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En la época de mi visita a Polonia, en 1972, toda la gente con la que me vi oficialmente se mostró muy reticente a la hora de debatir la cuestión del antisemitismo pasado o actual. Pan Zabecki, aunque era un hombre claramente honesto, no fue una excepción a la regla. Salvo que, precisamente por su honestidad, sus evasivas resultaban más evidentes.

“No –dijo con aire avergonzado-, no creo que pueda decirse que la gente de por ahí fuera antisemita. Los alemanes habían dispuesto guetos en todas las ciudades, y recuerdo que en las poblaciones más pequeñas la gente llevaba comida a los guetos para entregarla a los judíos.”

Es verdad, como ya dije, que mucha gente en Polonia, en muchas ocasiones y con gran riesgo para sus vidas, trató de ayudar a los judíos. Pero otros informadores, menos inhibidos ante presencias oficiales, me dijeron que si los polacos cristianos llevaban comida a los judíos, sobre todo en Polonia del este, solía ser para venderla. “En el recinto alambrado de Malenzow –dijo Stanislaw Szmajner-, no teníamos alimento ni bebida, y unos pocos polacos vinieron y ofrecieron agua a cambio de anillos de oro o de dinero. A nadie le quedaba mucho, pero quien tenía algo entregaba a estos comerciantes sus objetos de valor por un sorbo de agua.” (…)

“Cuando la gente se dio cuenta de que no sólo ejecutaban a adultos, sino también a bebés –dijo Pan Zabecki-, sintieron piedad. Esto se manifestó de entrada llevando agua a los trenes. La verdad es que es muy difícil describir debidamente cómo era aquello y qué sentíamos –dijo de nuevo-. Yo mismo no podía hacer nada. No podía permitirme ser visto intercambiando una palabra con la gente de los transportes o haciéndoles algún gesto; eso habría puesto en peligro mi trabajo para la clandestinidad. Es difícil describirle en palabras lo lastimoso que resultaba, la compasión que sentía la gente y, aun así, lo poco, terriblemente poco, que podían hacer. Mire, al principio incluso los trabajadores ferroviarios alemanes trataban de ayudar. El ingeniero al cargo ordenó que se emplearan los grandes bidones de la locomotora para llevar agua a los trenes mientras permanecían en nuestra estación. Y al principio los supervisores de los trenes lo permitieron. Pero tras unos pocos días, se prohibió. Sin embargo, incluso entonces la gente siguió llevando agua, hasta que los alemanes empezaron a disparar para alejarla de los trenes.

La población estaba horrorizada; no sólo por lo que veía. Estaba paralizada por el miedo, el pánico, y pronto empezó a sentirse físicamente enferma por el hedor terrible que empezó a emanar del campo. Pero también, claro, la gente empezó a temer por ella misma. Estaban viendo todo aquello y uno se iba convenciendo de que, cualquiera que presenciara aquellos horrores indecibles, tendría que ser eliminado.”

(SERENY, Gitta: Desde aquella oscuridad. Conversaciones con el verdugo: Franz Stangl comandante de Treblinka, Edhasa, 2009, pag. 218 a 220)

PREGUNTAS:

1. ¿Cuál fue en general la actitud de los polacos hacia los judíos y su deportación?

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