DESDE AQUELLA OSCURIDAD: SÓLO CARGAMENTO

Posted on 27 noviembre, 2012

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-¿Sería acertado decir que se habituó a las … “liquidaciones”?

Lo pensó un momento. “A decir verdad –dijo entonces, reposada y pensativamente-, uno se habituaba a ello.”

-¿En días? ¿Semanas, meses?

“Meses. Pasaron meses antes de que pudiera mirar a algunos de ellos a los ojos. Lo reprimía todo tratando de crear un lugar especial: jardines, barracas nuevas, cocinas nuevas, todo nuevo; barberos, sastres, zapateros, carpinteros. Había cientos de maneras de no pensar en ello. Yo las explotaba todas.”

-Con todo, si lo acusaba tanto, tenía que haber momentos, quizá por la noche, en la oscuridad, en que no pudiera evitar pensar en ello.

“Al final, el único modo de lidiar con ello era beber. Cada noche me llevaba un buen vaso de brandy a la cama, y bebía.”

-Creo que está evitando mi pregunta.

“No, no lo pretendía. Naturalmente, los pensamientos aparecían. Pero los expulsaba. Me obligaba a concentrarme en el trabajo; trabajo y nada más.”

-¿Sería cierto si dijéramos que usted, finalmente, sintió que no eran en verdad seres humanos?

“Una vez, de viaje, años más tarde en Brasil –dijo, con expresión de honda concentración, reviviendo sin duda la experiencia-, mi tren se detuvo cerca de un matadero. El ganado en los rediles, al oír el ruido del tren, trotó hasta la valla y se puso a mirar el tren. Estaba muy cerca de mi ventana, atestado, y las reses me miraban a través de la valla. Entonces pensé: “Mira eso; me recuerda a Polonia; así es como miraba la gente, confiada, justo antes de ir al bote…”

-Ha dicho “bote” –interrumpí-. ¿Qué quiere decir? –Pero prosiguió sin escuchar ni responder.

“…No pude comer carne enlatada después de aquello. Esos ojazos… que me miraban… sin saber que en un tris estarían todos muertos.” Se detuvo. Estaba demacrado. En aquel momento parecía viejo, gastado y real.

-¿Así que no sentía que fueran seres humanos?

“Cargamento –dijo átono-. Eran cargamento.” Levantó y bajó la mano en un gesto de desesperanza. Nuestras voces se extinguieron. Fue una de las pocas veces en que no hizo ningún esfuerzo por encubrir su desesperación, y su dolor irremediable me concedió un instante de compasión.

(SERENY, Gitta: Desde aquella oscuridad. Conversaciones con el verdugo: Franz Stangl comandante de Treblinka, Edhasa, 2009, pag. 291 a 293)

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