EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA: INICIO DE LA PERSECUCIÓN A LOS JUDÍOS

Posted on 4 enero, 2013

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Varsovia se rindió el miércoles 27 de septiembre.

(…)

A los pocos días aparecieron proclamas bilingües en los muros de Varsovia, firmadas por el comandante alemán, en las que se prometía a la población que podría trabajar en paz bajo el cuidado del estado alemán. Había un apartado especial dedicado a los judíos, a los que se les garantizaban todos sus derechos y la inviolabilidad de sus propiedades, así como la total protección de su vida.

(Wladyslaw Szpilman: El pianista del gueto de Varsovia, Turpial y Amaranto, Madrid, 2000, pags. 43)

Por otra parte, se estaban iniciando los ataques racistas alemanes en Varsovia. Al principio se perpetraron de modo chapucero, como si sus autores se avergonzaran de la nueva forma de torturar a la gente y además carecieran de práctica. Coches privados recorrían las calles y paraban en seco junto a la acera cuando localizaban a un judío; se abrían las puertas del coche y asomaba una mano que hacía una señal con el dedo:

–  ¡Adentro!

Quienes regresaron después de sufrir esos ataques describieron los primeros casos de malos tratos. Todavía no eran demasiado malos; las agresiones físicas se reducían a bofetadas, puñetazos y a veces patadas. Pero, como era un fenómeno tan nuevo, las víctimas lo acusaban con especial agudeza y se tomaban las bofetadas de los alemanes como una deshonra. No se daban cuenta de que esos golpes no tenían más significación moral que la coz de un animal.

(…)

Pronto se publicaron decretos aplicables sólo a los judíos. Una familia judía no podía tener en casa más de dos mil zlotys. Los  demás ahorros y artículos de valor debían depositarse en el banco, en una cuenta bloqueada. Al mismo tiempo, las propiedades inmobiliarias judías tenían que ser entregadas a los alemanes. Claro que apenas hubo nadie lo bastante ingenuo para dar sus bienes al enemigo por propia voluntad. Como todos los demás, decidimos esconder nuestras pertenencias de valor, aunque se componían sólo del reloj y la cadena de oro de mi padre, y de cinco mil zlotys.

(…)

Entre las muchas normas molestas impuestas a los judíos había una que no estaba escrita pero debía observarse de manera muy estricta: los hombres de ascendencia judía debían inclinarse ante los soldados alemanes. Esta obligación estúpida y humillante nos hizo hervir de rabia a Henryk ya mí. Hacíamos todo lo que podíamos para eludirla. Dábamos largos rodeos por la calle sólo para no encontrarnos con un alemán y, si no podíamos evitarlo, mirábamos a otra parte y hacíamos como si no lo hubiésemos visto, aunque eso pudiera costarnos una paliza.

(…)

Pero la malevolencia de los alemanes no se podía tomar a la ligera. Formaba parte de un sistema pensado para mantenernos en un constante estado de incertidumbre nerviosa sobre nuestro futuro. Cada pocos días se promulgaban nuevos decretos. Aparentemente eran de escasa importancia, pero servían para avisarnos de que no se habían olvidado de nosotros ni tenían intención de hacerlo.

A los judíos se nos prohibió viajar en tren. Más adelante, tuvimos que pagar más del cuádruple que los “arios” por un billete de tranvía. Comenzaron a circular los primeros rumores sobre la construcción de un gueto. Se intensificaron durante dos días, sembrando la desesperación en nuestros corazones, y luego amainaron de nuevo.

(Wladyslaw Szpilman: El pianista del gueto de Varsovia, Turpial y Amaranto, Madrid, 2000, pags. 46 a 52)

PREGUNTAS:

1. Explica cuáles fueron las primeras medidas impuestas contra los judíos. ¿Qué objetivo tenía según el autor este tipo de medidas?

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