EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA: FALTA DE LIBERTAD

Posted on 8 enero, 2013

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El gueto se iba recortando. Los alemanes reducían calle por calle su superficie. De la misma forma, Alemania desplazaba la fronteras de los países europeos que había sometido, apropiándose de una provincia tras otra; era como si el gueto de Varsovia fuera igual de importante que Francia, y la exclusión de las calles Zlota y Zielna tan significativa para la expansión del Lebensraum alemán como la separación de Alsacia y Lorena del territorio francés.

Sin embargo, todos estos incidentes exteriores carecían por completo de importancia en comparación con el único hecho significativo (…): estábamos encerrados.

Creo que habría sido más fácil de soportar, desde el punto de vista psicológico, si hubiéramos estado encarcelados de forma más evidente: recluidos en una celda, por ejemplo. (…)

La realidad del gueto era peor precisamente porque guardaba la apariencia de libertad. Uno podía salir a la calle a pasear y mantener la ilusión de que estaba en una ciudad por completo normal. Los brazaletes que nos señalaban como judíos no nos molestaban porque todos los llevábamos y, después de cierto tiempo de vivir en el gueto, me di cuenta de que me había acostumbrado del todo a ellos; (…) Sin embargo, las calles del gueto –y sólo ellas- terminaban en muros. (…) Entonces la parte de la calle que estaba al otro lado del muro se convertía de golpe en el lugar que más me gustaba y más necesitaba de todo el mundo. (…) Volvía sobre mis pasos, anonadado, y seguía así día tras día, siempre con la misma desesperación.

En comparación con la época siguiente, fueron dos años de relativa calma, pero convirtieron nuestra vida en una pesadilla interminable, porque todo nuestro ser percibía que en cualquier momento iba a ocurrir algo terrible, sólo que no sabíamos con certeza aún qué peligro nos amenazaba ni de dónde vendría.

(…) En las condiciones del gueto, salir de casa, una actividad bien normal, adquiría el carácter de una ceremonia, sobre todo durante las cacerías callejeras. Primero había que visitar a los vecinos, escuchar sus problemas y lamentaciones, y averiguar así lo que ocurría ese día en la ciudad: si había redadas, si se sabía algo de posibles bloqueos, si estaba vigilada la calle Chlodna. Una vez hecho eso, fuera ya del edificio, había que repetir las mismas preguntas en la calle, detener a los viandantes que se acercaban y volver a preguntar en cada esquina. Sólo con tales precauciones podía uno estar relativamente seguro de que no lo iban a detener.

(Wladyslaw Szpilman: El pianista del gueto de Varsovia, Turpial y Amaranto, Madrid, 2000, pags. 64-67)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué el guetto es comparado por el autor con una prisión?

2. ¿Qué precauciones había que tomar para salir a las calles del gueto? ¿Por qué?

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