EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA: LA POLICÍA JUDÍA

Posted on 13 enero, 2013

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A comienzos de la primavera de 1942 cesaron de repente en el gueto las cacerías humanas, que hasta entonces habían revestido carácter de persecución sistemática. Si esto hubiera ocurrido dos años antes, la gente se habría sentido aliviada y lo habría tomado como una razón para alegrarse; habría acariciado la ilusión de que era un cambio a mejor. Pero para entonces, después de dos años y medio de vivir junto a los alemanes, nadie podía hacerse ilusiones. Si habían detenido las cacerías era sólo porque se les había ocurrido otra idea mejor para atormentarnos. La cuestión era: ¿Qué idea? Las gentes se lanzaban a las más fantásticas suposiciones y, en lugar de sentirse más calmada, estaba el doble de nerviosa que antes.
(…)
La aparente calma total duró hasta un viernes de la segunda mitad del mes de abril, cuando un inesperado vendaval de miedo barrió el gueto. No parecía que hubiera razón para ello, porque si preguntabas a alguien por qué estaba tan asustado y afligido, o qué pensaba que iba a ocurrir, nadie tenía una respuesta concreta. Pero inmediatamente después del mediodía todas las tiendas cerraron y la gente se escondió en su casa.
(…) Nuestro padre fue el primero en salir por la mañana. Volvió a los pocos minutos, pálido y alarmado: los alemanes habían entrado en muchos edificios durante la noche, habían sacado a la calle a unos setenta hombres y los habían fusilado. Hasta ese momento nadie había recogido los cadáveres.
¿Qué significaba eso? ¿Qué les había hecho esa gente a los alemanes? Estábamos horrorizados e indignados.
La respuesta llegó a primera hora de la tarde, cuando se pegaron carteles en las calles vacías. Las autoridades alemanas nos informaban de que se habían visto obligadas a limpiar nuestra parte de la ciudad de “elementos indeseables”, pero que su acción no afectaba a la población leal: las tiendas y los cafés debían volver a abrir de inmediato, y la gente debía reanudar su vida cotidiana, que no corría ningún peligro.
Es verdad que el mes siguiente transcurrió en paz. Era mayor e incluso en el gueto florecían lilas aquí y allá en los escasos jardincillos (…) Cuando estaban a punto de abrirse del todo las flores, los alemanes se acordaron de que existíamos. Pero esta vez había una diferencia: no planeaban ocuparse de nosotros ellos mismos, sino que delegaron la responsabilidad de las cacerías humanas en la policía y la oficina de trabajo judías.
Henryk había tenido razón cuando se negó a entrar en la policía y la describió como una banda de ladrones. Estaba compuesta sobre todo por jóvenes de las clases más prósperas de la sociedad, y entre ellos había varios conocidos de Henryk. A todos nos horrorizaba ver que esos hombres a los que habíamos estrechado la mano y tratado como amigos, hombres que hacía poco eran todavía personas decentes, se habían convertido en seres despreciables. Tal vez se podía decir que habían captado el espíritu de la Gestapo. Tan pronto como se pusieron el uniforme y la gorra de policías, y se colgaron la porra de caucho, su naturaleza cambió. Ahora su máxima ambición era estar en estrecho contacto con la Gestapo, ser útiles a los oficiales de la Gestapo, desfilar por la calle con ellos, hacer gala de sus conocimientos de alemán y competir con sus amos por el rigor en el trato a la población judía. (…)
Durante la cacería humana de mayo cercaron las calles con la profesionalidad de los SS de pura raza. Andaban a zancadas con sus elegantes uniformes, dando grandes y destempladas voces a imitación de los alemanes, y golpeando a la gente con las porras de caucho.
(…)
Esa tarde anunciaron que el toque de queda se retrasaba hasta la media noche, con el fin de que las familias de quienes “habían sido enviadas a trabajar” tuvieran tiempo para llevarles sábanas, una muda y comida para el viaje. Tanta “magnanimidad” por parte de los alemanes resultaba en verdad conmovedora y se debía en gran parte al esfuerzo de la policía judía por ganarse nuestra confianza.
Hasta mucho después no supe que el millar de hombres capturados en el gueto habían sido llevados directamente al campo de Treblinka, para que los alemanes pudieran probar la eficacia de las cámaras de gas y los hornos crematorios recién construidos.
(Wladyslaw Szpilman: El pianista del gueto de Varsovia, Turpial y Amaranto, Madrid, 2000, pags. 77-81)

PREGUNTAS:

1. ¿Con qué método intentan las autoridades alemanas controlar a la población del gueto? ¿Qué efecto crees que consiguen con esa medida?

2. Explica quiénes y por qué integraban esa policía judía. ¿Qué opinión le merecen al autor los integrantes de la policía? ¿Por qué?

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