EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA: SUBLEVACIÓN DEL GUETO

Posted on 23 enero, 2013

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DETENCIÓN JUDÍOS REVUELTA GUETOEl 14 de enero [1943], viernes, furiosos por sus derrotas en el frente y por la evidente alegría que éstas causaban a los polacos, los alemanes reemprendieron las cacerías humanas. Esta vez las extendieron por toda Varsovia. Duraron tres días sin interrupción. Todos los días, al ir y al volver del trabajo, veíamos cómo perseguían y capturaban gente en las calles. Convoyes de camiones de policía cargados de prisioneros iban hasta la cárcel y volvían vacíos, listos para recoger nuevos lotes de futuros internos en campos de concentración. Bastantes arios buscaron refugio en el gueto. En estos días difíciles se dio otra de las paradojas del periodo de ocupación: el brazalete con la estrella de David, el más amenazador de los símbolos en otro tiempo, se convirtió de la noche a la mañana en una protección, una especie de seguro, puesto que los judíos no eran ya la presa.
Sin embargo, dos días después nos tocó a nosotros. Cuando salí del edificio el lunes por la mañana no encontré a todo nuestro grupo en la calle, sino sólo a unos pocos trabajadores, sin duda los considerados indispensables. Yo, como “gerente del almacén”, estaba entre ellos. Nos pusimos en marcha, escoltados por dos policías, en dirección a la puerta del gueto. Habitualmente sólo la guardaban agentes de la policía judía, pero ese día toda una unidad de la policía alemana estaba comprobando minuciosamente los documentos de quienes salían del gueto para ir a trabajar. Un chico de unos diez años llegó corriendo por la acera. Estaba muy pálido, y tan asustado que olvidó quitarse la gorra ante un policía alemán que iba hacia él. El alemán se detuvo, sacó su revólver sin decir una palabra, se lo puso en la sien al chico y disparó. El niño cayó al suelo agitando los brazos, se quedó rígido y murió. El policía devolvió con calma el revólver a la funda y siguió su camino. Lo miré; no tenía unos rasgos especialmente brutales ni parecía enfadado. Era un hombre normal, apacible, que había cumplido con una de sus obligaciones menores cotidianas y la había apartado de su mente al instante, porque le esperaban otros asuntos de mayor importancia.
Nuestro grupo estaba ya en el lado ario cuando oímos disparos detrás de nosotros. Procedían de los otros grupos de trabajadores judíos, que estaban rodeados en el gueto y por primera vez respondían al terror alemán haciendo fuego.
Proseguimos abatidos nuestro camino al trabajo, preguntándonos todos qué estaría ocurriendo en el gueto. No había duda de que había comenzado una nueva etapa de su liquidación. (…)
Aquella tarde no volvimos al gueto: quedamos alojados de manera provisional en la calle Narbutt. Hasta después no supimos lo que había ocurrido detrás de los muros, donde la gente se defendía lo mejor que podía antes de ser conducida a la muerte. Se ocultaba en lugares preparados de antemano y las mujeres echaban agua en los peldaños de las escaleras, para que se congelara y fuera más difícil que los alemanes alcanzaran los pisos superiores. Algunos edificios se cerraron con barricadas y sus habitantes intercambiaron disparos con las SS, decididos a morir luchando con un arma en la mano, en lugar de perecer en la cámara de gas. Los alemanes habían evacuado a los pacientes de hospital judío en ropa interior, los habían cargado en camiones abiertos bajo el intenso frío y se los habían llevado a Treblinka. Pero, gracias a esta primera demostración de la resistencia judía, los alemanes se llevaron sólo a cinco mil personas a lo largo de cinco días, en lugar de las diez mil que tenían planeado transportar.
El quinto día por la tarde Ziszás [un SS] nos informó de que la operación para “limpiar el gueto de elementos no trabajadores” había concluido y podíamos volver a entrar en él. El corazón nos saltaba en el pecho. Las calles del gueto eran un espectáculo de devastación. Las aceras estaban cubiertas de cristales rotos procedentes de las ventanas. (…) cada pocos pasos veíamos cuerpos de personas asesinadas. Era tal el silencio, que las paredes de los edificios nos devolvían el eco de nuestros pasos, como si estuviéramos atravesando una garganta rocosa en las montañas. No encontramos a nadie en nuestra habitación, que no había sido saqueada. (Wladyslaw Szpilman: El pianista del gueto de Varsovia, Turpial y Amaranto, Madrid, 2000,pag. 130-132)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué motivo la estrella se convierte durante unos días en un elemento de salvación?

2. ¿Cómo se inició la sublevación del gueto de Varsovia?

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