EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA: UN LUGAR LLAMADO TREBLINKA

Posted on 28 enero, 2013

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INSPECCIÓN MÉDICA EN TREBLINKA6 de septiembre de 1942
Un oficial de la Unidad de Comando Especial que participaba en el certamen de esgrima me ha contado las barbaridades cometidas por esa unidad en la ciudad de Sielce, un centro administrativo. Está tan asqueado e indignado que se olvidó por completo de que entre nuestros acompañantes, bastante numerosos, había un cargo destacado de la Gestapo. Un día sacaron a los judíos del gueto y los llevaron por las calles: hombres, mujeres y niños. A una parte de ellos los fusilaron allí mismo, a la vista de los alemanes y la población polaca. Dejaron a algunas mujeres sangrando y retorciéndose bajo el sol del verano, sin prestarles ayuda. A los niños que se habían escondido los arrojaban por las ventanas. Después condujeron a esos miles de personas a una plaza próxima a la estación, donde supuestamente había trenes preparados para llevárselos. Les hicieron esperar allí tres días bajo el calor del verano, sin comida ni agua. Si alguien se ponía en pie le disparaban en el acto, también a la vista de todos. Luego se los llevaron: doscientas personas hacinadas en un vagón de ganado con capacidad para cuarenta. ¿Qué ocurrió con ellos? Nadie quiere reconocer que lo sabe, pero no se puede ocultar. Cada vez son más las personas que consiguen escapar y relatan cosas espantosas. El sitio se llama Treblinka y está al este del territorio polaco bajo dominio alemán. Allí descargan los vagones, mucha gente llega ya muerta. Todo está rodeado de muros y los vagones entran allí para descargar. Los muertos se apilan junto a las vías del tren. Cuando llegan, los hombres sanos tienen que llevarse los montones de cadáveres, cavar fosas y cubrirlas de de tierra una vez llenas. Luego los fusilan a ellos. Los hombres que llegan en los transportes sucesivos se encargan de sus predecesores. Los millares de mujeres y niños tienen que desnudarse, y luego los conducen a una cabaña móvil, donde los gasean. La cabaña se coloca sobre un foso y tiene un mecanismo que abre una de las paredes y levanta el suelo, para que los cadáveres caigan al foso. Lleva mucho tiempo funcionando. Allí reúnen a infortunados de toda Polonia. A algunos los matan en el acto porque no hay capacidad de carga suficiente, pero si son demasiados se los llevan. Toda la zona de Treblinka está envuelta en el espantoso hedor de los cadáveres.
Diario del capitán Wilm Hosenfeld en Wladyslaw Szpilman: El pianista del gueto de Varsovia, Turpial y Amaranto, Madrid, 2000 (pag. 201-202)

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