LE GRAND VOYAGE (EL LARGO VIAJE): ¿HAMBRE O SED?

Posted on 10 febrero, 2013

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Pre-World War II, 8th February 1939, Argeles-sur-Mer, France, Spanish refugee soldiers behind a barbed wire enclosure at an internment camp, after their escape into France from Catalonia

Refugiados españoles internados en el campo de concentración de Argelès-sur-mer (Francia) en febrero de 1939. Muchos de ellos se integrarían en brigadas de trabajo del ejército francés, la Legión extranjera o el maquis. Los que fueron capturados por el ejército alemán no fueron considerados prisioneros de guerra y se les internó en su mayoría en el campo de concentración nivel 2 (exterminio) de Mauthausen.

« Tu dors ? » demande le gars de Semur.
« Non », je lui réponds.
« Il fait soif », dit le gars de Semur.
« Et comment. »
« Il reste un peu de dentifrice », dit le gars de Semur.
« Allons-y. »
C’est encore un truc du gars de Semur-en-Auxois. Il a dû préparer son voyage comme un prépare une expédition polaire. Il a pensé à tout, le gars. La plupart de types avaient camouflé dans leurs poches des bouts de saucisson, du pain, des biscuits. C’était de la folie, disait le gars de Semur. Le plus grave n’allait pas être la faim, disait-il, mais bien la soif. Or, le saucisson, les biscuits secs, toutes ces nourritures solides et consistantes que les autres avaient camouflées ne feraient qu’aiguiser leur soif. On pouvait bien rester quelques jours sans manger, puisque de toute façon on allait être immobiles. C’était la soif, le plus grave. Il avait donc camouflé dans ses poches quelques petites pommes croquantes et juteuses et un tube de dentifrice. Les pommes, c’était simple, n’importe qui y aurait pensé, à partir de cette donnée initiale de la soif comme ennemie principale. Mais le dentifrice, c’était un trait de génie. On étendait sur ses lèvres une mince couche de dentifrice et quand on respirait, la bouche se remplissait d’une fraicheur mentholée bien agréable.
(JORGE SEMPRUN: Le grand voyage, Gallimard, pag. 65-66)

(- ¿Duermes ?- pregunta el muchacho de Semur.
– No, -le respondo.
– Tengo sed, -dice el muchacho de Semur.
– Y tanto.
– Queda un poco de dentífrico, -dice el muchacho de Semur.
– Venga.
Es otro truco del muchacho de Semur-en-Auxois. Ha debido preparar su viaje como quien prepara una expedición polar. Ha pensado en todo. La mayoría había camuflado en sus bolsillos trozos de salchichón, de pan, de galletas. Era una locura, decía el muchacho de Semur. Lo más grave no iba a ser el hambre, decía, sino más bien la sed. Ahora bien, el salchichón, las galletas secas, todos esos alimentos sólidos y consistentes que los otros habían camuflado no harían más que agudizar su sed. Se podía pasar algunos días sin comer, ya que de todas maneras ibamos a permanecer inmóviles. Era la sed, lo más grave. Por lo tanto, había camuflado en sus bolsillos algunas pequeñas manzanas crujientes y jugosas y un tubo de dentífrico. Las manzanas, era simple, cualquiera lo habría pensado, a partir de este dato inicial de la sed como enemigo principal. Pero el dentífrico, era un rasgo de genialidad. Se extendía sobre los labios una delgada capa de dentífrico y cuando se respiraba, la boca se llenaba de un frescor mentolado muy agradable.)

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