DIARIO DE UN DESESPERADO: DEPORTACIÓN DE RECK

Posted on 18 marzo, 2013

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PRISIONEROS POLÍTICOS DACHAUEs más que probable que la detención de Reck a finales de 1944 fuera resultado de una delación. Si bien es cierto que su orientación política era más allá del pueblo de Truchtlaching de sobra conocida, allí era respetado y nadie de su ambiente cercano lo habría denunciado. Sus delatores procedían de otros círculos. (…)
Reck fue conducido en primer lugar a la prisión de la Gestapo en la Wittelsbaherplatz, en Múnich. Después de un ataque aéreo, el 9 de enero de 1945 fue trasladado al campo de concentración de Dachau. Allí cayó pronto enfermo, por lo que hubo de ser alojado en la enfermería del campo. Cuando por fin salió del sector de los enfermos, se topó con el preso holandés Nico Rost, quien más tarde lo describiría en su libro Goethe in Dachau (Goethe en Dachau) como alguien “muy delgado, además de nervioso y totalmente extenuado. Temblaba y se tambaleaba, y hablaba de forma tan confusa que al principio no entendía lo que quería. Poco a poco comencé a enterarme de que había sido un paciente, pero que ahora tenía que regresar a su sector. Temía morir allí… y probablemente tenía razón, puesto que su antiguo sector estaba impregnado de tifus exantemático.”
(…)
De hecho, Reck moriría de esta enfermedad el 16 de febrero de 1945. Nico Rost ha guardado todos los detalles de su encuentro con Reck. Este último testigo directo habla de la incertidumbre en torno a su persona, una incertidumbre que tan a menudo él mismo había provocado a lo largo de su vida y que ahora, al final de la misma, le afectaba de manera macabra… en el lugar menos esperado.

“¿Qué si podría yo ayudarle a permanecer en la enfermería? No, desgraciadamente no podía. Entonces comenzó a hablar de sí mismo y de su vida, y así pude enterarme de que era médico, aunque llevaba treinta años sin practicar la profesión. Por lo tanto podía yo intentar hablar con el Kapo: médicos siempre se necesitan, y quizá podría entrar de alguna forma…quizá.

Intentaría ayudarle, claro estaba. Pero antes él debía regresar a su sector, eso no tenía remedio. Más tarde, tal vez incluso al día siguiente, podría -si el Kapo de la enfermería lo aceptaba- volver allí a ejercer de médico.

Le pregunté por su nombre, para poder darlo en la oficina.

-Friedrich Reck-Malleczewen.

-¿El escritor Reck-Malleczewen?, pregunté de inmediato.

Notó que mi interés por él había crecido de pronto.

– El mismo, ese soy yo. ¿Conoce usted mis libros?

-Algunos sí, -respondí-; entre todos, una novela histórica sobre Jan Bockelson, un libro muy bien escrito, técnicamente excelente además de cautivador, aunque sin profundidad. También un estudio sobre Charlotte Corday, así como Frau Übersee (Señor Ultramar) y, naturalmente, Bomben auf Monte Carlo (Bombas sobre Monte Carlo).

Probablemente había leido más obras suyas, pero cuando él me preguntó fueron esos los títulos que me vinieron a la mente. También sé que casi todas ellas contaban en aquel entonces con ediciones de gran tirada, si no me equivoco en la editorial Mosse y Scherl.

Pero también recordaba -aunque esto no se lo dije- que su estudio sobre Charlotte Corday era un libro absolutamente contrarrevolucionario que le hacía el juego a los reaccionarios.

Entretanto continuaba hablando sin cesar: sobre sus posesiones en Baviera, donde tenía una gran hacienda -no muy lejos de Dachau-, sobre su carrera de oficial de caballería y sobre lo mucho que veneraba la casa real bávara. ¡Por eso mismo -por haber ejercido de correo secreto para los Wittelbacher- estaba preso aquí! Era lamentable verlo ante mí en aquel estado -debilitado por el hambre y temblando de nerviosismo, con un pantalón gris de lino muy corto y una chaqueta militar verde italiana a la que le faltaba una manga… un pobre anciano muy desgraciado que, si bien no había aprendido nada de los acontecimientos de los últimos años, no por ello inspiraba menos compasión.

Entonces se oyó por el altavoz “Fin de la salida”, y él debió regresar al sector con los demás, y yo le volví a prometer que hablaría con el Kapo.

(ZEILE, Christine: Friedrich Reck, un ensayo biográfico, en RECK, Friedrich: Diario de un desesperado, Minúscula, pag. 295-298)

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