UNA MUJER EN BIRKENAU: DOCUMENTOS VIVIENTES

Posted on 2 octubre, 2013

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brazo tatuado auschwitzAnte el increíble caos reinante y la imposibilidad de verificar la identidad de las miles de personas que vivían o habían muerto en el campo, las autoridades del campo decidieron identificar a los prisioneros con un tatuaje. Al adoptar esta medida, cometieron un gran error táctico. Hoy es posible comprobar de forma visible qué porcentaje tan exiguo de los prisioneros de Oswiecim [Auschwitz] quedó con vida. Aunque destruyeran los documentos y nos obligaran a arrojar al fuego carros enteros de Todesmeldungen (certificados de defunción), nos basta conocer el número final de registro para calcular cuántas personas murieron en Oswiecim. Cientos de miles de personas entraron en el Lager. ¿Dónde están ahora? Apenas varios miles consiguieron salir de él con vida. Los alemanes no sospechaban que con el tiempo, aquellos números estampados en los brazos de los prisioneros se convertirían en documentos. Al tatuar a los prisioneros, plantaron en la tierra miles, decenas de miles, centenares de miles de pruebas vivientes. ¿Qué ocurriría si los convocáramos una vez más para un recuento general? ¿Y si intentáramos colocarlos en filas de cinco para averiguar cuántos quedaron? Sé que el resultado sería deprimente. Nos presentaríamos sólo unos pocos, unos cuantos documentos vivos de aquella tragedia, algunos eslabones aislados de aquella kilométrica cadena humana, a los que un capricho del destino salvó de la muerte.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 12)

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